sábado, 7 de agosto de 2010

ANTONIO ALFONSO GALVEZ ¡Presente! ¡Viva Cristo Rey!





Juan Gutiérrez ¡Presente! ¡Viva Cristo Rey!




HIMNO DE LA ACCION CATÓLICA MEXICANA






Foto clip de la persecusión Cristera 1927, (FONDO MUSICAL: HIMNO DE LA A.C.M. TOMADO DE UN DISCO DE PASTA DE 78 rpm EDITADO EN LOS 50´S).

El grito de guerra: ¡Viva Cristo rey!


El grito de guerra durante la persecución religiosa en México con los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles de 1927 a 1929.

Las mujeres; viudas, esposas, hermanas, etc., jugaron un papel preponderante al organizar las Brigadas Femeninas Juana de Arco, responsables de el abastecimiento de armas, municiones y cuidado de los heridos.

Las Brigadas Femeninas eran un secreto total para todos los que a ellas no perteneciesen. El JURAMENTO era prestado de rodillas DELANTE DEL CRUCIFIJO:


"Ante Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ante la Santísima Virgen de Guadalupe y ante la Faz de mi Patria, yo, N. Juro que; aunque me martiricen o me maten, me halaguen o prometan todos los reinos del mundo, guardaré el tiempo que sea necesario y en secreto absoluto todo sobre la existencia, actividades, y sobre todo, los nombres de personas, sus domicilios, señalamientos y particularidades...que se refieran a sus miembros.

Con la gracia de Dios, primero morir que convertirme en delatora".

Hacia fines de 1929, cuando el gobierno al fin descubrió como eran abastecidos los ejércitos cristeros, llegaron a ser mas de 30,000 brigadistas. Se vestían con ropa especialmente confeccionada para llevar dentro de ella armas y municiones hacia el campo de batalla.

La mujer fue también la que dió valor a esposos e hijos para unirse a los ejércitos cristeros diciéndoles; "tu ve a pelear por nuestra Iglesia y nuestra religión, que aquí nosotras ya cuidaremos de la familia y los niños".

De antemano, pido disculpas por la forma tan singular de expresarse al principio de este video, de Don Bruno Zavala. Solamente que no hay forma de expresar el valor con el que luchaba el cristero contra el ejército federal, el cual en múltiples ocasiones huyó asustado y acobardado, no obstante la superioridad numérica que casi siempre llegó a ser de 10 a 15 soldados federales por cada cristero.



(de www.youtube.com por BrigadierCristero)




domingo, 18 de julio de 2010

El Espíritu de los Cristeros

Los Cristeros, en su mayoría; muestran una sorprendente cultura, y más concretamente, una profunda cultura cristiana. Ya conocemos, por ejemplo, la voz de Ezequiel Mendoza Barragán, campesino michoacano de Coalcomán, que nunca fue a la escuela, y que llegó a ser coronel famoso de cristeros. Jean Meyer, que conoció a Mendoza cuando éste tenía ya 75 años, confiesa: «quedé deslumbrado, fascinado, por la misteriosa energía que irradiaba de él» (pról. Testimonio). Y en otro lugar dice que «todas las entrevistas confirman el carácter representativo de Ezequiel Mendoza», aunque es cierto que su lengua era «especialmente clara y bella» (III,289).

Espiritualidad católica


En entrevistas, crónicas y cartas de cristeros causa admiración comprobar la calidad doctrinal, bíblica y poética de sus expresiones. Todo lo cual contradice abiertamente el menosprecio de algunos pedantes acerca de la veracidad del cristianismo entre los indígenas de América. 
Los cristeros, concretamente, tenían en sí toda la fuerza de quien sabe estar haciendo la voluntad de Dios. «Conscientes de hacer la voluntad de Dios, dice Meyer, los cristeros podían resistir todos los descalabros militares, todas las desdichas espirituales y hasta la más terrible de todas: los arreglos y el poco apoyo clerical» (289). Esa fidelidad a la voluntad de Dios providente les hacía inquebrantables.

Ezequiel Mendoza, por ejemplo, decía a su gente: «No, muchachos, acuérdense que aquí pedimos a Dios lo que más nos conviniera y por eso no digamos desatinados "ya ven que las cosas cambian de un momento a otro"; "la hoja del árbol no se mueve sin la gran voluntad de Dios", paciencia y resignación» (289). En cierta ocasión, según él mismo refiere, arengaba así a los suyos: «No queremos compañeros que traigan fines torcidos, queremos hombres que de todo corazón quieran agradar a Dios en todo, sin otro interés que defender a su Iglesia nuestra Madre; ya que sus feroces enemigos la quieren exterminar, aunque no lo conseguirán, porque fue dicho por Nuestro Señor Jesucristo que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"; y lo que Cristo ofreció lo cumple; también dijo que "pasarán los cielos y la tierra, pero sus palabras no pasarán". Además tenemos nuestra Reina y Madre la Virgen de Guadalupe, ella nos recomendará con su Padre, con su Hijo, y con su esposo, el Espíritu Santo. Todavía más contamos con todos los santos y santas del Cielo y de la tierra para que ellos rueguen a Dios por nosotros en todo tiempo y lugar, y si Dios está con nosotros no tengamos miedo de morir en defensa de la Iglesia y de la Patria, seremos mártires e iremos al cielo para siempre» (Testimonio 31).

Por su parte, Aurelio Acevedo, un simple ranchero de Zacatecas, animaba así a su tropa: «Vosotros, valientes sin tacha, siempre pensad que vais en camino del Calvario; pensad que vais al martirio cumbre donde se entra al Cielo de la Paz y eterno regocijo. Todo redentor debe ser crucificado para fin de que triunfe y sea glorificado. No olvidéis que esta lección es más clara que el sol que nos alumbra: ¡recordad a Jesús!» (Meyer III,275).

Y otro jefe, Pedro Quintanar, decía a sus tropas: «Todo lo bueno que en vosotros hay es sólo de Dios y... todo lo malo que en vuestro regimiento hay es vuestro. A Dios hay que atribuir todo lo bueno y toda la gloria y todo triunfo, pues vosotros sois instrumentos viles» (289).

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