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miércoles, 16 de mayo de 2012
General Gorostieta: ¿cristero o mercenario?
Durante 80 años hemos escuchado y leído machaconamente la versión de que el General Enrique Gorostieta, aunque brillante y exitoso en la guerra cristera, no era un cristero sincero ni convencido, sino, en el mejor de los casos, un general contratado a sueldo, un mercenario, cuando no un oportunista y un simple militarote resentido con la pandilla cleptócrata y criminal que desgobernaba a México en esos años.
Otros más benévolos lo ponen como "ateo" o "agnóstico". En 1981 la investigadora de la Universidad Iberoamericana Martha Elena Negrete --jesuíta y, por lo tanto, punta de lanza del marxismo rociado con agua bendita o teología de la liberación-- escribió un famoso libro intitulado "Enrique Gorostieta. Cristero agnóstico", que ha servido de base para toda la obra que durante los años 80's y 90's pusod e moda el tema cristero. Incluso el historiador Jean Meyer ha reconodio que su opinión acerca del General Gorostieta se debe a esta obra.
Es importante abundar en la información de que el Gral. Gorostieta NO FUE UN MERCENARIO, NI UN RESENTIDO, NI UN ATEO O AGNÓSTICO como lo han querido hacer aparecer los enemigos de la causa cristera, que repiten como pericos que el general simplemente fue un contratado.
Tengo desde hace muchos años un libro en mi poder, que me heredó mi padre, y a él, a su vez, de su padre, que se llama precisamente LOS CRISTEROS, publicado clandestinamente en el año de 1930, escrito bajo pseudónimo por un tal "J.J. González" quien muchos creían que en realidad se trataba del Sr. Bartolomé Ontiveros, dueño en aquélla época de la empresa Tequila La Herradura --puedo estar euivocado en esta afirmación, aclaro que fue un romor en voz baja-- o sea, cuando todos estos hechos estaban muy recientes, y ahí, en la página 60, se dice con claridad que cuando se vió la necesidad de contar con un Jefe Supremo de los grupos armados en Jalisco, el Sr. Delgado, dirigente clandestino en Jalisco, una vez que salió libre de una breve prisión, abordó ante la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa
"La necesidad de tener un jefe supremo en Jalisco. En dicha reunión, el Ing. García Moreno propuso a varios generales en servicio activo del gobierno a quien se combatía. El Sr. Delgado se opuso a esta idea, y fue él quien impulsó a Gorostieta, con quien cultivaba franca amistad, quien con toda sinceridad y buena voluntad aconsejaba la mejor forma que debía emplearse para resolver las disficultades que se presentaban en campaña a nuestros bisoños soldados. Además, muchas veces había manifestado gran admiración por los cristeros defensores de los Altos de Jalisco y decidida resolución de pelear a su lado y en favor de la causa cristera. Con estos antecedentes, el Sr. Delgado lo propuso para la Jefatura de Jalisco, proposición que fue motivo de acaloradas discusiones sostenidas en el terreno de las emociones piadosas por los aliados de García Moreno; pero destrozados éstos en sus propias trincheras, prevalecieron los juicios razonados del Sr. Presidente de la Liga, del Sr. Bustos y del Sr. Delgado, quienes sostuvieron al Gral. Gorostieta. Así fue como Jalisco tivo Jefe".
Después el Gral. Gorostieta fue también Jefe de Colima, Nayarit, Aguascalientes y Zacatecas. En junio de 1928 fue nombrado Jefe Único de todo el Ejército Libertador Cristero.
El Integrista Mejicano
viernes, 16 de septiembre de 2011
INTOLERANCIA ILUSTRADA EN MÉXICO
(LA REVUELTA DE LOS CRISTEROS 1926-1929)
Para poder entender la revuelta de los cristeros hay que analizar primero las persecuciones que ha sufrido la Iglesia Católica por parte de los todos los regímenes influenciados por el liberalismo, la masonería y el comunismo internacional liderado por el judío-bolchevismo. Esos regímenes que se han considerados ilustrados o heredados de la ilustración tras la emancipación de la América española en el pasado siglo XIX, apoyados por las logias norteamericanas habidas de poder. Por ello, que analizar la situación de México desde su emancipación cuando la burguesía criolla americana –es decir, blanca—del siglo XIX, ansiosa de liberarse del poder de la Corona española y de la influencia de la Iglesia (para poder explotar sin trabas a los indígenas), se agruparon en logias masónicas locales, intervenidas por fracmasones del norte anglosajón, que ya entonces buscaban penetrar el solar patrio de nuestra América española. Acciones como las que efectuaron en 1810 y 1821, las veríamos recrudecidas en la Guerra hispano-norteamericana de 1898; cuando los ansiosos imperialistas americanos se lanzan a la conquista de un imperio ya muy debilitado, el Español. Perdiendo nuestras más preciadas posesiones de ultramar. Las joyas de la corona de España: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que pasaron a manos de EEUU y Guam, Las Carolinas y las Marianas que fueron vendidas a Alemania en 1899, por 25 millones de $ americanos.
En México las primeras leyes jacobinas y las primeras insurrecciones católicas abarcaron los años 1858-1862. Pero será a partir de 1910, con la irrupción en el panorama ilustrado de un socialismo y un marxismo rampantes cuando la situación alcance un punto crítico.
LAS PRIMERAS PERSECUCIONES RELIGIOSAS EN MÉXICO
La cristiada supone y pone de manifiesto cómo lo que permitió a cualquier hombre de nuestra tierra vivir en libertad perteneciendo a ese pueblo, que es la Iglesia. Los hombres que lucharon y murieron en la guerra cristera la hicieron para afirmar su pertenencia a Cristo, reafirmando que el hombre depende de Dios y no del poder. Durante la larga dictadura del general Porfirio Díaz (1876-1910) el conflicto entre la Iglesia y el Estado conoce un período de tregua. Bajo su gobierno la Iglesia Católica llevo a cabo una “segunda evangelización” desarrollando numerosos movimientos de acción cívica y social dentro del espíritu renovador de León XIII. Pero la caída del presidente demócrata Francisco Madero (febrero de 1913) volvió a atizar la revolución y el nuevo gobierno atacaría a la Iglesia Católica. El carrancismo, que agrupa a las facciones victoriosas de la revolución se distinguiría por su furioso anticlericalismo, al contrario del villismo (Pancho Villa) y el zapatismo (Zapata). Los carrancistas destruyeron iglesias, colgaron sacerdotes y cerraron conventos, considerando a la Iglesia el enemigo del Estado. El gobierno del general Venustiano Carranza que dirigió los infortunados designios de México (1916-1920)..llevó a cabo una dura represión contra los católicos. Durante las revueltas para conseguir el poder intensificó los ataques a la Iglesia Católica. Sus tropas hicieron auténticos desmanes y tropelías de actos inhumanos contra sacerdotes y religiosas quemándolos y mutilándolos. Aún hoy en día se conoce en México “carrancear” la acción de robar y atropellar. En 1917 consiguió que el Congreso mexicano (compuesto exclusivamente de carrancistas) apruebe la Constitución de Queretano, profundamente anticlerical y atea.
La reforma liberal de Juárez no se caracterizó solamente por su sectarismo antirreligioso, sino también porque justo a la desamortización de los bienes de la Iglesia, eliminó los ejidos comunales de los indígenas. El período de Juárez se vio interrumpido por un breve período en el que por imposición de Napoleón III, en la expedición militar franco-española, ocupó el poder Maximiliano de Austria (1864-1867), y fusilado en Quereteno, poco más tarde. A Juárez le sustituyó en el poder Sebastián Lerdo Tejada (1872-1876). Quien había estudiado en el Seminario de la Puebla, Tejada acentuó la persecución religiosa, permitiendo el incendio de iglesias y el asesinato de sacerdotes. Durante ese gobierno se expulsó de México a las –Hermanas de la Caridad— que sumaban unas 500 aprox. y atendían a unas 15.000 personas. Todos estos actos provocaron otro alzamiento armado llamado de los Religioneros (1873-1876) cuando el campesinado católico se armó y luchó contra el gobierno ateo de Tejada.
Durante el Gobierno del general Álvaro Obregón (1920-1924) las relaciones entre el Estado y la Iglesia fueron aún más tensas, sin poder llegar a un acuerdo conciliador. Los choques entre los miembros del CROM organización sindical de inspiración marxista-leninista y los de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) se convirtieron en noticia cotidiana. Aunque también hay que destacar que aquellos años fueron convulsos no tan sólo por el enfrentamiento militar y la guerra civil que sacudió el país durante años sino por el sinfín de asesinatos que pusieron fin a la vida de sus presidentes; el presidente Madero fue asesinado en 1913, Zapata es asesinado en 1919, el presidente Carranza en 1920, Villa en 1923, y el general Obregón, más tarde presidente, también sucumbirá ante las balas asesinado en 1928. Las revueltas campesinas, los golpes de Estado y el crimen se convierten en la norma política.
EL CONFLICTO ENTRE EL ESTADO Y LA IGLESIA
Desde los inicios del Cristianismo en México siempre ha habido problemas entre la Iglesia y el Estado, problemas que iban desde represalias como las hubo en la Nueva España (nombre antiguo de la República Mexicana) hasta grandes rebeliones y muertes como en la cristiada. El capítulo más virulento de este enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado duró tres años, desde 1926 hasta 1929, con el movimiento armado de los Cristeros.
El ejército federal esta compuesto en 1927 por unos 80.000 hombres, sin contar las milicias agraristas que son armadas para combatir a los cristeros y que en su mejor momento cuentan con 20.000 hombres. Además el gobierno cuenta con 8.000 hombres de tropa de los Estados y unos 6.000 policías rurales. El Estado Revolucionario cuenta con unos 115.000 efectivos para combatir a las Cristiada, además de un presupuesto importante del Estado que le dedica sus mejores partidas; cuenta con fábricas de armamento, con 14.000 oficiales, asesores norteamericanos, artillería y aviación, la fuerza aérea mexicana participará en la operación con más de 60 aeronaves. Por su contra, los cristeros movilizan a más de 200.000 efectivos..mal armados al principio, sin artillería, ni aviación, ni con suficientes municiones..pero con un aliado mucho más fuerte, su fe en Dios. La infantería federal fue ineficaz y sólo sirvió para defender las guarniciones o para proteger las líneas férreas. En cuanto a la caballería federal, fue ampliamente inferior a la cristera, que se caracterizaba por sus hábiles jinetes y conocedores del terreno. Los federales utilizan la técnica de las “concentraciones”, llevada a cabo por Weyler en Cuba. Es una táctica tan sencilla como cruel. Como característica a señalar en esta guerra, decir que el ejército federal no hace prisioneros: interroga y después fusila, degüella o ahorca a los cristeros. La guerra cristera se presenta como una guerra de desgaste donde ninguno de los bandos contendientes parece capaz de someter al otro. Un agregado militar norteamericano señala la ausencia de un jefe supremo entre los cristeros como factor de su posible derrota. La persona escogida es el general Enrique Gorostieta, un antiguo héroe militar mexicano. Los cristeros se especializan en los sabotajes y asaltos a trenes, de tal forma que el ejército federal se queda prácticamente bloqueado. Las deserciones en el ejército federal empiezan a ser muy frecuentes y preocupantes, llegando a la cifra de 30.000 en 1928. La guerra se desarrolló entre 1926-1929 y el gobierno tuvo que aceptar un compromiso debido al tremendo apoyo popular que levantaron los cristeros a su paso. El avance se vio frenado por la orden llegada de la Santa Sede de deponer inmediatamente las armas, y que, a pesar de los éxitos fue inmediatamente obedecido por las tropas cristeras. Hubo muchos fusilados que morían al grito de “¡¡Viva Cristo y Nuestra Señora de Guadalupe!!” Entre ellos estaba el padre Miguel Agustín Pro, beatificado por Juan Pablo II en 1988. El 22 de noviembre de 1992, en la solemnidad de Cristo Rey, Juan Pablo II beatifica a 22 sacerdotes mexicanos y a tres jóvenes laicos de la Acción Católica, martirizados durante la Guerra Cristera.
Los combatientes católicos son conocidos despectivamente durante la guerra cristera por sus enemigos como los Cristos Reyes o los Cristeros; ya que su signo es un crucifijo en el pecho, su bandera la mexicana con la Virgen de Guadalupe y sus gritos de guerra: ¡¡Viva Cristo Rey!! y ¡¡Viva la Virgen de Guadalupe!! Por ello, no se puede entender la historia de México, sin la labor evangelizadora de los españoles. Como el vasco Juan de Zumárraga, obispo de México en 1531. Pero para entender la situación convulsa que llevó al enfrentamiento eclesiástico en México, lo debemos a la mala política de los Borbones. Con los Austrias, sus gobernantes sabían respetar a la Iglesia. No así, los Borbones que entienden la modernidad como el sometimiento de la Iglesia al poder político. La persecución del Rey Carlos III y sus ministros masones contra los Jesuitas llega a Nueva España donde 500 padres de la Compañía de Jesús son expulsados. Ya en 1767 el pueblo mexicano se arma y se amotina contra la expulsión. Con esta no será ni la primera ni la última revuelta armada de los católicos mexicanos por defender su tradicionalismo religioso.
La paradoja es que, el único país moderno que mantiene una constitución atea en vigor es México. Que además es el país que acoge con más júbilo la llegada y visitas del Papa, y el que sostiene el santuario más visitado del mundo: Guadalupe.
En 1927 los principales jefes militares que combatieron a los cristeros fueron los generales Eulogio Ortiz, Anacleto López y Gonzalo Escobar, designándose a este último como jefe de la campaña. Y los héroes de la Cristiada, los campesinos armados que fueron dirigidos por hombres como los generales Fermín Gutiérrez, Enrique Gorostieta o Luis Ibarra; el coronel José Bejarano, o Anatolio Partida. Los capitanes; Sebastián Bañuelos, Miguel Anguiano, Sebastián Arroyo, Cisneros y Arreola entre otros. La revuelta que duró tres años, fue llevada a cabo por el movimiento campesino autónomo más importante de América Latina durante el siglo XX. El levantamiento supuso la reacción de una sociedad campesina, tradicional y católica contra el autoritarismo del Estado nacido de la Revolución de 1917. Además un evento de la historia de considerable importancia y que no es tratado en ningún libro de texto. Hay que tener en cuenta que los grandes movimientos contrarrevolucionarios de la historia moderna, y el de los cristeros en particular es un movimiento popular, que se alzó para defender un modo de vida contra una reforma anticatólica que pretendía borrar al Cristianismo de América Latina. Los Cristeros se alzaron como los antiguos Cruzados de la Edad Media para defender lo más sagrado de su existencia, la Fe en Dios. Y como tal deben ser recordados como héroes, y tratados como soldados. Porque como manda la Ordenanza del Requeté, los soldados de la Tradición, habrán de tener su puesto en el Reino de Dios. Los Cristeros al igual que los Requetés lucharon por la misma causa, su Fe en la Tradición. Y en consecuencia, no debemos olvidarnos de sus históricas hazañas y lamentablemente de las persecuciones, torturas y asesinatos a los que fueron sometidos los Cristeros por creer en Dios. Si hoy podemos hablar de existencia del cristianismo en México es gracias a los cristeros, que supieron ser fieles a Dios y a la Iglesia en todo momento y hasta las últimas consecuencias.
David Odalric de Caixal i Mata
D. DAVID ODALRIC DE CAIXAL I MATA
Historiador colaborador del Instituto de Historia y Cultura Militar del Ejército.
Historiador colaborador Foundation Ecole Militaire de Saint-Cyr.
Historiador colaborador US Army Military History Institute.
Historiador colaborador The Strategic Studies Institute of the Army War College.
Historiador colaborador del Aula de Cultura de Defensa.
Historiador Colaborador del Museo Nacional Militar del Dia-D (Universidad de Nueva Orleans-EEUU).
Miembro de la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil.
Historiador colaborador del Instituto de Historia y Cultura Militar del Ejército.
Historiador colaborador Foundation Ecole Militaire de Saint-Cyr.
Historiador colaborador US Army Military History Institute.
Historiador colaborador The Strategic Studies Institute of the Army War College.
Historiador colaborador del Aula de Cultura de Defensa.
Historiador Colaborador del Museo Nacional Militar del Dia-D (Universidad de Nueva Orleans-EEUU).
Miembro de la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil.
jueves, 14 de abril de 2011
LA VOCACIÓN HISPANA Beato Anacleto González Flores
"España llegó, bajo el reinado de Felipe II, a la total robustez de su propia personalidad y a adquirir el sentido pleno de su vocación. Fue entonces cuando intentó fundir, con un matrimonio desgraciado e inútil, los destinos de su Patria con Inglaterra. Y tras el fracaso de su intento, que le dio a Hugo Benson trama para La Tragedia de la Reina se vio en la necesidad de armar sus barcos para combatir el país que en ese tiempo, con Isabel a la cabeza del protestantismo, logró comenzar a ser dominador del Océano. La Invencible, que fue la escuadra en que concentró Felipe II todo el poder marítimo de España, se puso en marcha para chocar con la vocación de Inglaterra, vieja y permanente señora del mar: la armada no logró ni siquiera saludar las brumas que coronan la frente de ese gigante defendido por la cólera del mar. El Rey de España no recogió, del desastre, mas que unos cuantos leños rotos, y la Historia pareció cerrar con un punto final la página de uno y otro pueblo...
Y tras del viaje de las tres carabelas, allá hacia el Norte, llegaron venidos de Inglaterra los emigrados que echaron los cimientos del país más fuerte de América y acá hacia el Sur, toda la España forjada en ocho siglos de batallas, vino en escuadrón cerrado sobre el maderamen roto de La Invencible, coronado con el Leño de la Cruz. Sus capitanes hechos de hierro y sus misioneros amasados en el hervor místico de Teresa y Juan de la Cruz, se acercaron a la arcilla oscura de la Virgen América y en un rapto, que duró varios siglos, la alta, la imborrable figura de Don Quijote, seco, enjuto y contraído de ensueño excitante, pero real semejanza del Cristo, como lo ha hecho notar Unamuno, se unió, se fundó, no se superpuso, no se mezcló, se fundió para siempre en la carne, en la substancia viva de Cuauhtémoc y de Atahualpa.
Y la esterilidad del matrimonio de Felipe con la Princesa de Inglaterra se tornó en las nupcias con el alma genuinamente americana, en la portentosa fecundidad que hoy hace que España escoltada por las banderas que se empinan sobre los Andes, del Bravo hacia el Sur, vuelva a afirmar su vocación en presencia de la Inglaterra caída de las manos de Enrique VIII a las manos de su hija. Felipe II e Isabel han vuelto a encontrarse: apenas se advierte, en sus rasgos fundamentales, una ligera modificación. Podría decirse que la persistencia de vocaciones y de caracteres, único elemento permanente en la Historia y que la puede reducir a a fórmulas de rigidez casi algebraica, nos hacen experimentar un retorno de tres siglos y nos hacen pensar en la repetición.
Pero no hay ni la misma escena, ni los mismos personajes, ni los mismos factores en su forma concreta e individual; pero si hay la continuidad, que es y ha sido siempre el fondo sustancial del carácter y sobre todo, la señal distintiva de una vocación que muy lejos de ahogarse en el abismo de la inercia y de la deserción se ha puesto en marcha en un día próximo lejano y ha sabido poner y dejar huellas imborrables de su paso. Entre el desastre de La Invencible y nosotros hay no menos de tres siglos: entre la España de Felipe II, hecha de carne y espíritu en nosotros y la Inglaterra de Isabel trasplantada al Norte de América, no hay ni un minuto, ni un milímetro de distancia. Porque la vocación, que supone la continuidad, nos ha atado realmente a los de este lado del Bravo a la vocación de España y a los de aquel lado del Bravo a la vocación de Inglaterra, que hemos llegado a ser parte integrante de la personalidad histórica de España, como ellos han venido a formar parte de Inglaterra ....
Nuestra vocación, tradicionalmente, históricamente, espiritualmente, religiosamente, políticamente, es la vocación de España, porque de tal manera se anudaron nuestra sangre y nuestro espíritu con la carne, con la sangre, con el espíritu de España, que desde el día en que se fundaron los pueblos Hispanoamericanos, desde ese día quedaron para siempre anudados nuestros destinos, con los de España. Y en seguir la ruta abierta de la vocación de España, está el secreto de nuestra fuerza, de nuestras victorias y de nuestra prosperidad como pueblo y como raza".
sábado, 12 de febrero de 2011
EL PRIMER MÁRTIR CRISTERO
"...Dos días antes de la supresión de cultos en toda la República decretada por el episcopado caía un viejo y modesto comerciante de aquella ciudad (Puebla), José García Farfán originario de Taxco, estado de Tlaxcala, quién contaba a la sazón de 66 años de edad. De carácter enérgico, era ampliamente conocido y estimado en su barrio, por sus frecuentes gestos de caridad y su piedad acrisolada. Había impulsado, en su pequeño comercio de miscelánea las publicaciones católicas. Y precisamente para arreglar algún asunto pendiente con la revista El Mensajero del Corazón de Jesús y hacer unas visitas a la Virgen de Guadalupe, estuvo en la ciudad de México unos días antes en el mes de Junio de 1926. A su regreso a Puebla llevó consigo varios letreros que le fueron proporcionados por la Liga de la Defensa Religiosa, a la que se había adherido desde un principio.
Puso en su aparador, en forma ostensible, aquellas leyendas que decían: ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Sólo Dios no muere!, etc.
El día 28 de julio fue a comulgar, como si presintiera el próximo fin de su vida. A media mañana entró en la miscelánea el asistente del general Juan Guadalupe Amaya, que venía acompañado del general Daniel Sánchez y otro soldado, en un coche que se detuvo enfrente. Ordenó el asistente a Farfán que saliera a ver al general Amaya que lo llamaba.
-¿Donde está?
-En su automóvil, allí en la puerta.
-Pues dígale a su general, que hay la misma distancia de su automóvil a mi mostrador, que de mi mostrador a su automóvil, donde estoy a sus órdenes.
Ambos generales entraron en la tienda y llenaron de improperios al anciano propietario, a quien ordenaron quitar los letreros del aparador. José García Farfán se negó, pues en su casa sólo mandaban, primero Dios y después él, y si alguien se atrevía a quitar de allí esos letreros tendría que atenerse a las consecuencias. Amaya sacó la pistola y disparó a quemarropa al anciano, quien por gracia de Dios no fue herido, y empezó a arrancar de la vitrina los letreros.
García Farfán no resistió tal atentado y, lleno de ira tomó un frasco de cristal que contenía chiles envinagre y lo arrojó al militar. El general Sánchez detuvo el improvisado proyectil con el brazo y recibió una herida en la muñeca. Eso bastó para que García Farfán se serenara y pidiera una disculpa a su contrincante. Y mientras curaba al herido con humildad franciscana, Amaya continuó destrozando el contenido del aparador. Sólo dejó por descuido, un letrero que decía: ¡Dios no muere!
García Farfán fue apresado por los militares y conducido al cuartel de San Francisco, sin que valieran las peticiones del vecindario que trataba de rescatarlo, ni la intervención de un abogado que interpuso un amparo que no fue tomado en cuenta por sus aprehensores.
En la mañana del 29 de julio, Amaya formó el cuadro para fusilar al católico anciano y, momentos antes de dar la orden de fuego, con despiadado sarcasmo dijo a García Farfán:
-A ver ahora cómo mueren los católicos...
-Así respondió el mártir, y estrechó el crucifijo de su rosario contra su pecho, l tiempo que gritaba: ¡Viva Cristo Rey!
Las balas atravesaron su cuerpo. Allá, en el aparador de su comercio, un letrero proclamaba: ¡Dios no muere!
García Farfán fue el primero a partir de esa fecha, de una larga lista de victimas inmoladas por el odio ateo. Tras él, con frecuencia agobiadora, irían al martirio miles de hombres, mujeres y niños".
Antonio Rius Facius
Méjico cristero
págs. 92-93
Puso en su aparador, en forma ostensible, aquellas leyendas que decían: ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Sólo Dios no muere!, etc.
El día 28 de julio fue a comulgar, como si presintiera el próximo fin de su vida. A media mañana entró en la miscelánea el asistente del general Juan Guadalupe Amaya, que venía acompañado del general Daniel Sánchez y otro soldado, en un coche que se detuvo enfrente. Ordenó el asistente a Farfán que saliera a ver al general Amaya que lo llamaba.
-¿Donde está?
-En su automóvil, allí en la puerta.
-Pues dígale a su general, que hay la misma distancia de su automóvil a mi mostrador, que de mi mostrador a su automóvil, donde estoy a sus órdenes.
Ambos generales entraron en la tienda y llenaron de improperios al anciano propietario, a quien ordenaron quitar los letreros del aparador. José García Farfán se negó, pues en su casa sólo mandaban, primero Dios y después él, y si alguien se atrevía a quitar de allí esos letreros tendría que atenerse a las consecuencias. Amaya sacó la pistola y disparó a quemarropa al anciano, quien por gracia de Dios no fue herido, y empezó a arrancar de la vitrina los letreros.
García Farfán no resistió tal atentado y, lleno de ira tomó un frasco de cristal que contenía chiles envinagre y lo arrojó al militar. El general Sánchez detuvo el improvisado proyectil con el brazo y recibió una herida en la muñeca. Eso bastó para que García Farfán se serenara y pidiera una disculpa a su contrincante. Y mientras curaba al herido con humildad franciscana, Amaya continuó destrozando el contenido del aparador. Sólo dejó por descuido, un letrero que decía: ¡Dios no muere!
García Farfán fue apresado por los militares y conducido al cuartel de San Francisco, sin que valieran las peticiones del vecindario que trataba de rescatarlo, ni la intervención de un abogado que interpuso un amparo que no fue tomado en cuenta por sus aprehensores.
En la mañana del 29 de julio, Amaya formó el cuadro para fusilar al católico anciano y, momentos antes de dar la orden de fuego, con despiadado sarcasmo dijo a García Farfán:
-A ver ahora cómo mueren los católicos...
-Así respondió el mártir, y estrechó el crucifijo de su rosario contra su pecho, l tiempo que gritaba: ¡Viva Cristo Rey!
Las balas atravesaron su cuerpo. Allá, en el aparador de su comercio, un letrero proclamaba: ¡Dios no muere!
García Farfán fue el primero a partir de esa fecha, de una larga lista de victimas inmoladas por el odio ateo. Tras él, con frecuencia agobiadora, irían al martirio miles de hombres, mujeres y niños".
Antonio Rius Facius
Méjico cristero
págs. 92-93
viernes, 19 de noviembre de 2010
MANIFIESTO CRISTERO 1º de Septiembre
"Respetar la Ley Constitucional en materia religiosa es respetar el Artículo 3º de la Constitución que establece la enseñanza laica" -y ahora la socialista, con la reforma cardenista- "y viola el derecho del niño a conocer la religión de sus padres; es respetar el Artículo 5º que prohíbe las órdenes monásticas y niegan el derecho a consagrarse los hombres a Cristo en la regeneración del pueblo; es respetar el Artículo 24º que prohíbe las manifestaciones externas de culto y encierra a Jesucristo en las Iglesias, y prohibe al pueblo que lo proclame Rey, en sus ciudades y en sus campos; es respetar el Artículo 27 que niega a los católicos el derecho de propiedad sobre los templos que levantó la fe de sus abuelos y que recibieron de sus padres como un precioso legado, como si las hordas revolucionarias fueran dueñas de esos templos y los pudieran dar a su arbitrio, como lo hacen, a los enemigos de los católicos que construyen tales templos con sus dineros y sus trabajos. Respetar la ley revolucionaria es respetar el Artículo 130, verdadero código de tiranía, que niega a la Iglesia su personalidad jurídica, tratando como esclava de la revolución a la Señora de las Naciones; que arrebata la familia del seno de la Iglesia instituyendo el matrimonio civil; que considera a los Sacerdotes casi como empleados del gobierno; que niega alos católicos el derecho de asociarse políticamente para defender sus derechos religiosos, como si la Iglesia que tiene derecho para llamar a sus hijos con el tañer de las campanas, para la oración, no lo tuviera para llamarlos al combate con el sonar de sus clarines. Respetar la ley constitucional sobre materias religiosas es respetar los artículos que son los eslabones de la cadena del pueblo".
ARMANDO TELLEZ VARGAS
domingo, 12 de septiembre de 2010
El gobierno de Calles
![]() |
| Arzobispo José Mora y del Río |
Ante esto los obispos consideraron que no existían garantías para ejercer su ministerio y emitieron un comunicado avalado por Roma donde se anunciaba que se había decidido suspender los cultos desde el 1 de Agosto de 1926, día que entraría en vigor la Ley de Calles, el pueblo mexicano que era muy católico se congregó en las iglesias un día antes, se dice que se celebraron muchos bautizos, matrimonios, etc. Después se clausuraron numerosos templos, así como capillas particulares, conventos y escuelas religiosas en todo el país. Las casas se convirtieron en oratorios, y el Papa autorizó una liturgia breve para la misa, permitiendo a los sacerdotes celebrar en cualquier lugar y aún sin vestimenta. El Gobierno no quería cerrar las iglesias sino que pretendía que fueran inventariados y custodiados por las juntas de vecinos, lo que no le pareció a los obispos por lo que lanzaron excomunión a quienes participaran para colaborar con este fin.
También en respuesta a la Ley de Calles, se presentó ante el Congreso una demanda de reforma constitucional firmada por dos millones de católicos, pero fue rechazada. Por lo que la Liga anima a las personas a realizar un boicot con contra del Gobierno a fin de presionarlo y quitara la Ley de Calles. El boicot consistía en no pagar impuestos, minimizar el consumo de productos ofrecidos por el Gobierno, no comprar lotería, no utilizar vehículos a fin de no comprar gasolina, etc. Sin embargo el boicot no consiguió sus fines, pero tuvo grandes repercusiones en la vida económica del país.
Ya que se vio que por los medios pacíficos no se podía obtener la destitución de la Ley de Calles, en Enero de 1927 empezó la toma de armas, las primeras guerrillas estuvieron compuestas por campesinos, pero esto fue creciendo y con el grito de "Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe" fueron conocidos con el nombre de Los Cristeros.
domingo, 18 de julio de 2010
El Ejército Federal
El ejército «consustancial con el gobierno» en el México de entonces «consideraba a la Iglesia como su adversaria personal. Agente activo del anticlericalismo y de la lucha antirreligiosa, hizo su propia guerra, su guerra religiosa. El general Eulogio Ortiz mandó fusilar a un soldado, en el cuello del cual vió un escapulario. Algunos oficiales llevaban sus tropas al combate al grito de ¡Viva Satán!» (Meyer I,146).
«Cada arma reclutaba por su cuenta. El enganche debía ser voluntario y firmado al menos por tres años», condición que muchas veces se incumplía, tanto que «se seguían utilizando las cuerdas para atar a los voluntarios. Se echaba mano de cualquiera: condenados de derecho común, obreros sin trabajo, campesinos», y sobre todo «del subproletariado rural y de los indios, vencidos o no» (149-150). La brutalidad y la indisciplina de esta tropa es apenas descriptible.
«Cada arma reclutaba por su cuenta. El enganche debía ser voluntario y firmado al menos por tres años», condición que muchas veces se incumplía, tanto que «se seguían utilizando las cuerdas para atar a los voluntarios. Se echaba mano de cualquiera: condenados de derecho común, obreros sin trabajo, campesinos», y sobre todo «del subproletariado rural y de los indios, vencidos o no» (149-150). La brutalidad y la indisciplina de esta tropa es apenas descriptible.
sábado, 17 de julio de 2010
UNA LUCHA CON ORIGENES VEINTE SIGLOS ATRAS
Semanas antes de que el Episcopado aprobara los planes de la Liga de la Defensa de la Libertad Religiosa para realizar un movimiento armado, comenzaron a ocurrir algunos brotes prematuros y sin coordinación.
Uno de los primeros rebeldes fue Luis Navarro Origel (con el seudónimo de Fermín Gutiérrez), que desde Pénjamo, Gto., se lanzó a la lucha el 29 de septiembre de 1926 y poco despúes ancabezaba como general a dos mil rebeldes.
La fecha acordada para la rebelión fue el primero de enero de 1927 y en diferentes lados comenzaron a surgir dispersas partidas de cristeros, llamados así por su grito de ¡Viva Cristo Rey!. Los principales grupos surgieron en Jalisco y fueron secundados en Michoacán, Guanajuato, Durango, Morelos y Oaxaca, más tarde en Zacatecas, Aguascalientes, Sinaloa, Colima, México y Veracruz.
La Unión Popular de Jalisco, presidida por el Lic. Agustín Navarro Flores, organizaba la acción cívica de los católicos jaliscienses. Anacleto González Flores era secretario de la agrupación y también actuaba a través de la ACJM y del periódico "Gladium".
Además desde 1920 operaba en todo el Estado la Unión de Católicos Mexicanos, formada con gente de creencias firmes que habían prestado juramento de trabajar disciplinadamente. Sus miembros tenían señas y contraseñas para identificarse entre sí y era frecuente quellevaran una medalla o un escapulario con la letra "U" -como ellos se decían entres sí- y los grupos de González Flores los que suministraron hombres, sin experiencia en las lides de la guerra, pero decididos, que integraron los mandos de jefes y oficiales cristeros. Junto con esos improvisados oficiales marcharon como sacerdotes castrenses algunos presbíteros, entre quienes se hicieron famosos Pascual Vega, Gumersindo Sedano y David Uribe.
Muchos de los pronunciamentos carecían de coordinación y de planes mas o menos viables, por lo que pronto terminaron trágicamente.
En León, Gto., siete jóvenes cristeros pensaron dar un golpe de mano y trataron ganarse a Domitilo Flores, jefe de policía del barrio del Coecillo, pero éste los entrgó al General J. Trinidad López.
Ante los maltratos para que delataran a otros posibles partidarios y ante la inminencia de la ejecución, Agustín Rios, de 21 años, no pudo detener las lágrimas; su compañero José Valencia Gallardo, que intercedió en favor de él, fue golpeado para que callara, y como contestara con el grito de ¡Viva Cristo Rey!, le cortaron la lengua y luego le dieron un tiro en la cabeza con bala expansiva.
A continuación fueron liquidados Jose Vázquez, Agustín Rios, de 21 años; Nicolás Navarro, de 20; Salvador Vargas, de 20; y Ezequiel Gómez, de 19. Sólo sobrevivió Isabel Juárez, herido y golpeado.
El parte oficial anunciaba más tarde que un asalto a la ciudad de León había sido rechazado victoriosamente. (Enero 3 de 1927).
Uno de los primeros rebeldes fue Luis Navarro Origel (con el seudónimo de Fermín Gutiérrez), que desde Pénjamo, Gto., se lanzó a la lucha el 29 de septiembre de 1926 y poco despúes ancabezaba como general a dos mil rebeldes.
La fecha acordada para la rebelión fue el primero de enero de 1927 y en diferentes lados comenzaron a surgir dispersas partidas de cristeros, llamados así por su grito de ¡Viva Cristo Rey!. Los principales grupos surgieron en Jalisco y fueron secundados en Michoacán, Guanajuato, Durango, Morelos y Oaxaca, más tarde en Zacatecas, Aguascalientes, Sinaloa, Colima, México y Veracruz.
La Unión Popular de Jalisco, presidida por el Lic. Agustín Navarro Flores, organizaba la acción cívica de los católicos jaliscienses. Anacleto González Flores era secretario de la agrupación y también actuaba a través de la ACJM y del periódico "Gladium".
Además desde 1920 operaba en todo el Estado la Unión de Católicos Mexicanos, formada con gente de creencias firmes que habían prestado juramento de trabajar disciplinadamente. Sus miembros tenían señas y contraseñas para identificarse entre sí y era frecuente quellevaran una medalla o un escapulario con la letra "U" -como ellos se decían entres sí- y los grupos de González Flores los que suministraron hombres, sin experiencia en las lides de la guerra, pero decididos, que integraron los mandos de jefes y oficiales cristeros. Junto con esos improvisados oficiales marcharon como sacerdotes castrenses algunos presbíteros, entre quienes se hicieron famosos Pascual Vega, Gumersindo Sedano y David Uribe.
Muchos de los pronunciamentos carecían de coordinación y de planes mas o menos viables, por lo que pronto terminaron trágicamente.
En León, Gto., siete jóvenes cristeros pensaron dar un golpe de mano y trataron ganarse a Domitilo Flores, jefe de policía del barrio del Coecillo, pero éste los entrgó al General J. Trinidad López.
Ante los maltratos para que delataran a otros posibles partidarios y ante la inminencia de la ejecución, Agustín Rios, de 21 años, no pudo detener las lágrimas; su compañero José Valencia Gallardo, que intercedió en favor de él, fue golpeado para que callara, y como contestara con el grito de ¡Viva Cristo Rey!, le cortaron la lengua y luego le dieron un tiro en la cabeza con bala expansiva.
A continuación fueron liquidados Jose Vázquez, Agustín Rios, de 21 años; Nicolás Navarro, de 20; Salvador Vargas, de 20; y Ezequiel Gómez, de 19. Sólo sobrevivió Isabel Juárez, herido y golpeado.
El parte oficial anunciaba más tarde que un asalto a la ciudad de León había sido rechazado victoriosamente. (Enero 3 de 1927).
America peligra
SalvadorBorregoviernes, 9 de julio de 2010
Juan Rulfo habla de la cristiada
En junio de 1929, los cristeros tenían la impresión de que estaban a punto de ganar, así que cuando llegó la noticia de los arreglos,2 a fines de junio o principios de julio, se sintieron defraudados. A un país arruinado por tres años de terrible guerra, a la dificultad de encontrar trabajo y a una readaptación a todas luces difícil —volver a la vida normal— se añadió, para muchos, el peligro real de ser asesinados. Unos pocos formaron unas gavillas de bandoleros, al estilo Pedro Zamora, por rencor, por la inercia de la costumbre adquirida y por la falta de trabajo; otros, más numerosos, volvieron a levantarse en armas.
A la hora de los arreglos los cristeros tuvieron la oportunidad de presentarse a las autoridades militares para recibir un salvoconducto; a cambio tenían que entregar el caballo y el rifle, instrumentos de guerra, contra diez pesos que se les ofrecían para regresar a casa, en un estado mucho peor que en 1926, con una mano adelante y otra atrás. Las cosas se pusieron color de hormiga para ellos, porque los arreglos fueron a medias y a ellos los hicieron a un lado, abandonados completamente a su propia suerte.
Algunos generales federales se portaron bien, muy bien, como Charis, Cedillo y Figueroa. Charis en Colima y en el sur de Jalisco; Andrés Figueroa tan bien que le mandó al jefe cristero de San Gabriel [el pueblo de Juan Rulfo] una larga carta por conducto de la señora Amalia Díaz, ofreciéndole todo su apoyo, facilidades y garantías, para él y sus hombres.3
A la hora de los arreglos los cristeros tuvieron la oportunidad de presentarse a las autoridades militares para recibir un salvoconducto; a cambio tenían que entregar el caballo y el rifle, instrumentos de guerra, contra diez pesos que se les ofrecían para regresar a casa, en un estado mucho peor que en 1926, con una mano adelante y otra atrás. Las cosas se pusieron color de hormiga para ellos, porque los arreglos fueron a medias y a ellos los hicieron a un lado, abandonados completamente a su propia suerte.
Algunos generales federales se portaron bien, muy bien, como Charis, Cedillo y Figueroa. Charis en Colima y en el sur de Jalisco; Andrés Figueroa tan bien que le mandó al jefe cristero de San Gabriel [el pueblo de Juan Rulfo] una larga carta por conducto de la señora Amalia Díaz, ofreciéndole todo su apoyo, facilidades y garantías, para él y sus hombres.3
lunes, 5 de julio de 2010
Sacerdote Enrique Tomás Lozano
Aunque el Diccionario de uso del español (María Moliner) nos aclara que caudillo es el jefe que dirige y manda gente particularmente en la guerra, en sentido figurado podemos afirmar que el sacerdote Enrique Tomás Lozano, párroco del templo del Santo Niño de Atocha de Nuevo Laredo (1932-1957), clérigo de ideas avanzadas que se anticipó al aggiornamento del Concilio Vaticano Segundo, ejerció un caudillaje religioso en la ciudad, desde 1928 y desde Laredo, Texas, donde vivía un destierro voluntario, formaba parte muy activa de la Liga Católica Mexicana (a favor del movimiento cristero) que él mismo define sus metas: "Propagar la verdadera situación de México para contrarrestar la propaganda calumniosa del medio oficial"... Expliquémoslo y evoquémoslo, precisamente hoy, 20 de junio, en que se conmemoran 53 años de su muerte; porque aún viven muchos neolaredenses que lloran la orfandad del padre, del maestro, del sacerdote abierto a todas las ideas, del caudillo religioso que entendió el símbolo del guadalupanismo como lazo de unidad entre los mexicanos; del extranjero que conservó su nacionalidad española, pero que obraba y sentía como un mexicano más entre mexicanos.a) En una carta fechada en Laredo, Texas, el 6 de febrero de 1928 que dirige a su compatriota, el sacerdote jesuita Adolfo Pulido, a Barcelona, le hace un prolijo recuento de su labor en la que le advierte que aunque "en los Estados Unidos no puede funcionar la Liga (de la Defensa religiosa de México), le alteramos un poco el nombre -Liga Católica Mexicana- y aquí tiene a la nuestra trabajando muy bonito".
b) En la misma correspondencia relata cómo estuvo antes "por espacio de siete años en Monterrey, como profesor del Seminario, prosecretario del Arzobispado, etcétera, y dedicado con especialidad a todos los trabajos de acción social (...) Quiero a los mexicanos con toda mi alma porque me quisieron, y no como extranjero, ni como español, sino como un mexicano y fueron mis brazos para todas mis obras y fui mimado y consentido por todas las clases sociales, desde los Caballeros de Colón, de los que fui capellán, hasta los presos de la Penitenciaría en donde decía misa cada domingo y asistía todos los días a una escuela que tenía para ellos, tenía su caja de ahorros, etcétera".
c) Enrique Tomás Lozano continúa su relato: "Llegaron los días aciagos de 1926 y después de haber ayudado a la magna labor que precedió al cierre de los templos, fue consejo del Excelentísimo señor Arzobispo que me trasladé a este lugar, desde el cual podría ayudarle más, según él, y sin exponerme a ser expulsado por ser mi condición de extranjero".
d) "Ya en el destierro, pensé qué podía hacer por México afligido por tantas calamidades; bien pronto el Espíritu Santo me inspiró un plan de acción que fue este: Establecer una Agrupación que ayudara a la Liga de México, y que pudiera funcionar dentro de este país entre los mexicanos católicos, debiendo además ayudar a los desterrados desde el momento que llegaran a este lugar, hasta que pudieran conseguir trabajo o establecerse de algún modo. Solicitar del venerable Episcopado español becas gratuitas en seminarios españoles para seminaristas mexicanos. Solicitar de colegios católicos en este país becas para estudiantes de universidades que por ser católicos o por haber trabajado en la Liga en México, habían sido expulsados de la Patria".
e) En este año del centenario de la Revolución, nos ha parecido oportuno divulgar a través de esta interesante misiva, la "revolución" encabezada por él y la personalidad de este sacerdote que después estuvo durante un cuarto del siglo XX entre nosotros, como pastor y guía espiritual, hasta su muerte el 20 de junio de 1957... ¿Por qué en esta nota lo identificamos como un caudillo?, porque lo fue: un caudillo religioso del movimiento cristero... Escuchemos lo que en la carta, él mismo confiesa a su compatriota: "La Liga (de la Defensa religiosa) ha confirmado su trabajo y constante defensa, contra viento y marea y a pesar de todas las tempestades del infierno conspiradas en su contra. Hoy, son más de 26 mil los libertadores que se están defendiendo (en México) como los buenos cruzados (...) Digan lo que digan los tiranuelos perseguidores, es una constante y milagrosa conservación de los héroes de Cristo Rey".
f) "Si le contara más detalles, no acabaría este largo y quizá insulso y mal urdido escrito; bástele un último para formarse idea: digo último porque aquí está (conmigo) quien fue testigo: En los días de Navidad, una persona caritativa, mandó 800 pesos a un grupo de libertadores, dice que para dulces. Al recibirlos los valientes contestaron que iban hasta descalzos, pero no querían dulces ni guaraches, sino parque, que comprarán parque con aquello. El donante les dijo que gastaran aquello y que ya iba a buscar para guaraches; nuevamente le contestaron que con aquello les compraran parque y cuando consiguieran para guaraches, compraran también parque aunque fueran ya siempre descalzos. ¿Perderán estos hombres?... Imposible".
g) Una vez arreglado el conflicto religioso entre el presidente Portes Gil y los obispos, que deja a los "libertadores" cristeros al garete..., Enrique Tomás Lozano cruza el río y toma al fin posesión de su parroquia en Nuevo Laredo... ¿Qué nos quedó como herencia espiritual de este sacerdote, después de 53 años de su partida? Lo más sorprendente es que este cristiano varón formado para la acción social, es que llega a una pequeña ciudad de menos de 25 mil habitantes y se encuentra con un indiferentismo religioso, paradójicamente asociado a ideas pacatas, mojigatas, por excesivos escrúpulos de una sociedad conservadora, en muchos aspectos hasta reaccionaria en política. El padre Lozano les da a aquella sociedad conservadora una lección de liberalidad, de apertura: predica con el ejemplo y se acerca a todas las clases, y grupos sociales, no importándole origen, ni condición, ni sus ideas y creencias... Convive igual con liberales y conservadores, con católicos y protestantes, con masones y con Caballeros de Colón, con prostitutas y con señoras de la Asociación de la Vela Perpetua... Sus armas como caudillo fueron los principios de la Acción Católica: que cada quien en su medio llevara el mensaje de Cristo, amar al prójimo; principios de un cura de almas social, en los que él se había formado como sacerdote.
Nos complace repetir ahora en esta evocación, lo que José María de Sagarra, el dramaturgo español dijo a través de uno de los protagonistas de su pieza teatral: La herida luminosa (1955): "El Evangelio no es más que una gran comprensión"... Ese fue el mensaje y el legado que Enrique Tomás Lozano dejó a Nuevo Laredo: una gran comprensión.
sábado, 19 de junio de 2010
La Cristiada
Para algunas personas el factor religioso fue la única causa que determinó la insurrección armada. Para otras, la persecución religiosa fue un pretexto: eran bandidos, políticos, revolucionarios, que en aquel momento estaban derrotados o marginados, y vieron en el conflicto religioso la ocasión para un desquite. Algunos –pocos, a decir verdad– se fueron a combatir con los cristeros sin siquiera ser cristianos. Para muchas personas, sin embargo, muchísimas diría yo, la suspensión del culto en agosto de 1926 fue la gota que derramó el vaso: gente que durante muchos años venía sufriendo el caos de la Revolución Mexicana y que lo habrían seguido soportando; u otros que hasta aquel momento no estaban en absoluto movilizados, organizados, ni menos aún alzados en armas. Para estos, el factor religioso fue decisivo. Sin él, no hubiera habido sublevación armada. El presidente Plutarco Elías Calles no había previsto las consecuencias cuando puso en marcha el mecanismo que llevó a la rebelión de los cristeros y a una interminable y trágica guerra. Ni siquiera el Papa lo sabía; el mismo gobierno de la Iglesia universal –la curia vaticana– estaba tan dividido como la Iglesia mexicana. Los obispos locales no sabían qué hacer ante la nueva situación. Los gobernadores revolucionarios, a su vez, estaban divididos. El de Jalisco, Barba González, pide audiencia al presidente Calles en julio de 1926 cuando está por iniciarse el conflicto, y se da un diálogo más o menos del siguiente tenor:
Jean Meyer. Artículo publicado en revista Criterio
Barba González: "Señor Presidente, estoy muy preocupado por la dirección que está tomando el conflicto religioso; la gente se va a alzar en armas".
Calles: "No, no. Los católicos no se alzarán. La mayoría son mujeres y viejos que creen en el más allá por miedo a la muerte".
Barba González: "No, señor Presidente, le aseguro que en Jalisco es distinto; los católicos son bravos".
Calles: "Jalisco es el gallinero de la República".
Y Barba González comentará en sus memorias: "¡Qué gallos salieron de aquel gallinero!"
Calles: "Si se alzan en armas, mejor para nosotros y peor para ellos, así los aplastaremos de una vez por todas".
Después, el Presidente se dirige al general que estaba presente en la conversación, el temible Amaro, secretario de la Defensa Nacional.
Calles: "General, ¿en cuanto tiempo podemos aplastarlos?"
Amaro: "En tres semanas, mi general".
Y Barba González comenta: "Esperemos que no hagan falta tres años".
Necesitaron exactamente tres años, no para aplastarlos, sino para negociar los "arreglos".
En ese verano de 1926, la Iglesia decidió suspender el culto en los templos como respuesta a la Ley Calles, que, efectivamente, era inaceptable para quien tenía la responsabilidad del gobierno de los católicos mexicanos. Entre otros puntos, la Ley establecía que ningún sacerdote podía oficiar sin haber sido previamente registrado en la Secretaría del Gobierno federal, regional e incluso municipal. Para entender la peligrosidad de esta disposición hay que tener presente que la Ley Calles llegó un año después del intento de cisma promovido por el Gobierno. Por eso Roma prohibió a los obispos mexicanos acatar esa Ley.
La Cristiada fue una guerra que llegó a movilizar cincuenta mil combatientes, apoyados por todo un pueblo. Emiliano Zapata no tuvo más de diez mil hombres; Pancho Villa, veinte mil en su apogeo; ambos son mundialmente famosos; los cristeros, no, que son comparables a los campesinos católicos de la Vandea, a esos "chuanes" que la Revolución Francesa no pudo vencer. Napoleón tuvo que hacer la paz con la Iglesia para desarmarlos. Le pasó lo mismo a los gobiernos anticlericales de la Revolución Mexicana. En 1929, con mediación internacional, se concluyen los "arreglos", se restablece el culto y los cristeros se van a su casa. Pero en 1931-1932, un rebote anticlerical desata una verdadera persecución religiosa (condenada por la Liga de las Naciones) que provoca una segunda guerrilla católica (prohibida por la Iglesia). Le toca al presidente Lázaro Cárdenas el papel pacificador de Napoleón: en 1938, el conflicto religioso termina de manera definitiva.
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