25 de Diciembre de 1926
Querida esposa:
¿También te angustia y te acongoja el pensamiento de la utilidad o inutilidad de mis pobres esfuerzos, la posibilidad o la probabilidad del éxito en el negocio? -del triunfo de la epopeya cristera- ¿O al menos la seguridad de contar con lo necesario, en efectivo y mercancías?... ¡Es muy natural y muy humana y racional tal angustia y preocupación!... ¡Pero recuerda que en este asunto, la salvación y salud de una Nación, mucho más todavía que en los individuos, no entra en juego solo lo natural y humano, sino también y principalmente lo sobrehumano, lo sobrenatural y divino!... Y si Dios Nuestro Señor quiere que venga la salvación por medio de los esfuerzos humanos y obrando al parecer solamente los acontecimientos naturales y ordinarios, ¡bien sabemos que éstos, es decir, los acontecimientos aún los puramente humanos y naturales que han de salvar a nuestra Patria y a nuestro pueblo, no son puramente las victorias que no lo transformarían sino superficialmente y quizá políticamente! Dios quiere más, mucho más de este pueblo: quiere hacer de él un modelo en el mundo, quiere enseñar al universo; ¡qué gloria tan grande puede darle un pueblo que en verdad sea suyo y quiera alabarlo y glorificarlo! Y bien sabes que esto no lo harán jamás, no podrán nunca esa transformación las victorias solas, sino los sacrificios, las víctimas, la sangre que todo lo fecundiza, que todo lo engrandece, que todo lo santifica, desde que fue derramada aquella Sangre Divina y que aún se inmola y seguirá inmolándose hasta la consumación de los siglos. ¡Porque el valor de la sangre es insustituible, porque el clamor de la sangre es un clamor terrible, que siempre llega y conmueve el Corazón de Dios!... Por lo mismo aquí sólo hacen falta sacrificios; nuestra Patria para salvarse sólo necesita vidas inmolada, cuya inmolación esté santificada por el amor de Cristo. Para lavarse de tanto horror, de tanta abominación de crímenes que van siendo ya seculares, este suelo necesita sangre, pues las afrentas y las ofensas terribles hechas a Dios por un pueblo, sólo con sangre se limpian. por otra parte, que la hora de la Misericordia, y de la Clemencia y del Perdón y del Amor ha sonado ya para México: ¿Dime tú misma si no es evidente que ha sonado ya? ¿No es la hora del amor la que ha sonado para nuestra querida Patria si vemos que el Dolor ha llamado a todos los hogares que son verdaderamente mexicanos? ¿No es la hora del Perdón y de la Clemencia y de la Misericordia la que ha sonado si vemos que las víctimas se multiplican; que ha empezado a verterse la sangre generosamente derramada, la amada y santa sangre mexicana, la sangre mexicana, la sangre nuestra, de nuestros queridísimos hermanos? Y apenas ayer empezó a derramarse y es tanta y tan generosamente ofrecida la que estaba y está dispuesto a derramar nuestro Pueblo que amenaza inundar este suelo y salpicarlo todo; esto es lo que hacía falta, que no quede rincón de este suelo amado que no se lave con sangre, que no se santifique con el sacrificio. Por lo mismo ninguna vida sacrificada es inútil, ningún sacrificio es estéril. Por lo contrario, sólo es necesario, indispensable, insustituible; sólo eso no puede ser reemplazado; porque sólo eso pide el Señor para hacer grande y feliz a este pueblo. Las victorias vendrán después seguramente; pero ahora sólo sangre, solamente vidas inmoladas se necesitan"
Luis Navarro Origel
Es considerado el primer cristero de renombre levantado en armas, nació en Pénjamo, Guanajuato, México el 15 de febrero de 1897.
Fue alcalde de su natal Pénjamo, electo por el pueblo y proclamaba su fe desde el Salón de Cabildos de la Casa Municipal. Se inscribió desde el primer día en las listas de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, miembro prominente de la ACJMy fue uno de sus más relevantes y valiosos adalides. Fundó comités de la liga en Pénjamo, Abasolo, Irapuato, La Piedad y Zacapu.
Al no estar de acuerdo con las políticas gubernamentales, finalmente resolvió empuñar las armas el 29 de septiembre de 1926 tomando la ciudad de Pénjamo, aniquilando a la defensa local y apoderándose de los elementos de guerra de que disponía el gobierno.
Sostuvo un combate en Cuerámaro y otro en Barajas y pudo protegerse de la retirada cerca de Corralejo. El campo de operaciones de Luis Navarro fue la costa de Michoacán, faja de territorio que yace entre los Estados de Guerrero y Colima. Al llegar a Coalcomán se cambió de nombre haciéndose llamar Fermín Guitiérrez. Murió en combate el día 9 de agosto de 1928 en Las Higuerillas sector Tuxpan.
sábado, 25 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
Sermón para Mártires Cristeros
12 de Mayo de 1921
Catedral de Morelia, Michoacán
Sr. Cgo. Lic. Don Luis María Martínez
"Solamente la Iglesia con su decisión infalible puede otorgar a un hombre el dictado glorioso de mártir. Pero sin prevenir ese juicio supremo, nosotros podemos afirmar que la muerte de nuestros hermanos sacrificados el 12 del mes de mayo que acaba de pasar, fue heroica, fue gloriosa, fue una gracia insigne de Dios para ellos y para nosotros.
Mas la gracia de Dios no es algo aislado, sino algo que forma parte de una maravillosa cadena; no es una estrella perdida en el caos, sino un astro que entra en el concierto armonioso del universo; no es una flor que languidece en la soledad, sino que abre su cáliz para mezclar su aroma con todos los perfumes de una primavera; no es un relámpago que se pierde en la oscuridad de la noche, sino una espléndida mañana que brotó de una aurora y tendrá su mediodía.
Dios eligió a sus víctimas; Dios preparó a sus mártires. Si nos fuera dado sorprender los misterios de las almas, si pudiéramos escrutar la íntima, la sacratísima acción de Dios en los corazones, hubiéramos descubierto en la frente delas víctimas la señal de predilección y hubiéramos seguido en el secreto de su vida interior el hilo celestial que preparaba su fin glorioso. A través del tiempo atrevámonos, hermanos míos, a sondear el misterio, que siempre será dulce para el corazón evocar el recuerdo de los hermanos muertos. Miradlos.
Es el primero un anciano que consagró su vida a las nobles tareas del magisterio católico". Julián Vargas-. " Su virtud característica fue la firmeza inquebrantable de sus convicciones. Guardo incólume en su grande corazón la fe de Cristo sin flexibilidad ni timidez, y cuando pasó por nuestra Patria la racha revolucionaria doblegando los espíritus,como barre el huracán los flexibles tallos en los áureos trigales, él permaneció erguido, digno, sin que lo inclinaran hacia la tierra ni el peso de sus años ni la carga de su pobreza. Fue un hombre, fue un cristiano. Merecía ser mártir. En pos de él va un obrero, un representante de esa clase dignísima a la que en vano pretenden corromper los modernos agitadores porque tiene echadas hondas raíces en la tierra fecundada en la Iglesia; -Joaquín Cornejo- "de alma de niño y corazón de fuego. Paréceme estarlo viendo, como tantas lo vi desde esta cátedra santa, reflejando en sus ojos las santas emociones de su corazón, vibrando al impulso de todos sus nobles sentimientos. Su pasión fue la Eucaristía: acercábase a menudo al banquete de los fuertes, y ¡Cuántas veces después del ímprobo trabajo, ya muy tarde, a la mitad del día, buscaba afanoso en este mismo lugar al sacerdote que pusiera en sus labios la Hostia Santa! Tuvo el anhelo, casi diría la obsesión del martirio, y pienso que con santa tenacidad arrancó al Señor esa gracia suprema. Vosotros obreros que me escucháis, compañeros suyos que recibisteis sus confidencias y fuisteis testigos de su virtud sencilla, decidme si exagero las nobles prendas de nuestro hermano muerto".
"También cayó gloriosamente bajo la guadaña de la muerte, en la flor de su edad, un miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana" -Rómulo González Figueroa- "Haré cumplidamente su elogio si digo que poseía el espíritu, todo el espíritu de la benemérita institución: pureza de alma, entusiasmo juvenil, actividad de Apóstol; era lo que debe de ser un joven cristiano: una primavera, con sus floras, con sus perfumes, con sus esperanzas.
-Yo os felicito jóvenes, porque habéis tenido un mártir y plegue al cielo que, templados vuestros espíritus por su fuerte ejemplo, troquéis mañana el noble entusiasmo de la juventud por el esfuerzo varonil que salve a la Patria.-No olvidaré, mis hermanos, al sencillo, al oculto, al humildísimo cristiano" -Felipe López- "que tantas veces vimos por las calles de esta ciudad con la maroma al hombro. Era muy bueno. No os referiré rasgo alguno de su vida,porque recibió el precioso don de ocultarse siempre. Si pueden las cosas pequeñas compararse a las grandes, el humilde aguador me hace pensar en el prodigioso obrero de Nazaret cuya vida interior fue vulgar a los ojos de los hombres, cuya vida interior fue admirable a los ojos de Dios. -Y después ... vienen los héroes ocultos de quienes desconocemos hasta el nombre: la doncella, que a pesar de ruda persecución tenía el valor de ostentar sobre su pecho la cinta azul y la dulce imagen de María Inmaculada. Esta Madre tiernísima le dio sin duda a la fragilidad de su sexo el valor del heroísmo. -Y tantos otros cristianos heroicos que nosotros desconocemos, pero que Dios conoce.
Mañana, en el día de la eterna justicia, nosotros los conoceremos y estrecharemos su mano fortísima y escucharemos sus íntimas confidencias en el seno de Dios. Dios eligió sus víctimas; Dios preparó sus mártires y nosotros los preparamos también. Sí, nosotros, ¿por qué no decirlo? Cada muerte gloriosa fue sin duda el fruto de una vida cristiana; pero todas ellas son nuestra obra, son el fruto de nuestros esfuerzos de todos por la causa de Dios.
Cuando hace más de un lustro vimos horrorizados en nuestra Patria la abominación de la desolación, dejamos los católicos el ocioso lecho donde yacíamos, sacudimos el indigno sopor y con los ojos fijos en la Virgen de Guadalupe y estrechando fraternalmente nuestras manos nos decidimos a obrar, a obrar como lo demanda nuestra fe que no ha muerto, a obrar como lo exigen las vigorozas tradiciones de nuestra raza. Comenzamos a unirnos, comenzamos a obrar; si queréis sin orden, sin método, como se agita el ejército entregado al sueño de vivac a quien sorprende el enemigo; por todas partes surgen combatientes, requieren las armas abandonadas en el suelo y entre el confuso rumor de gritos y de órdenes se aprestan al combate.
Así surgieron, como indicio ciertísimo de que aún quedaba fe y fortaleza en la Nación Mexicana, primero la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, y después la Asociación Nacional de Padres de Familia y los Centros de Obreros y las Damas Católicas, y hasta las jóvenes quisieron tomar parte en el glorioso combate bajo la égida celestial de Santa Juana de Arco.
Muchos pensaron que aquello nada era: ¡torpes! No acertaron a adivinar la copiosa mies futura en aquellas débiles agujas que verdegueaban en los húmedos terrones. La vida es así; se elabora lentamente, en el silencio. La organización católica comienza a producir sus frutos: frutos de valor, de sangre de bendición. Nuestros mártires son obra de Dios, pero ¡son también obra nuestra!¡Bendito sean! Esa aurora celestial produjo una mañana radiosa; para describirla es preciso buscar una forma de bronce en aquel libro del Antiguo Testamento que es como la epopeya de la fortaleza y la libertad; es preciso repetir la frase heroica que uno de los esforzados Macabeos arrojó, como un latigazo, sobre el rostro del tirano: "Quid quaeris et quid vis dicere a nobis? parati sumus mori, magis quam patrias Dei leges praevaricari (II Mac. VII-2). ¿Qué buscas? ¿Qué nos pides?, estamos dispuestos a morir más bien que quebrantar las leyes de Dios que recibimos de nuestros padres". ¡Que actitud tan gallarda, tan digna la del mártir cristiano! Es el tipo del hombre fuerte, porque ha vencido la suprema fuerza, que es la muerte; es el tipo de hombre libre, porque ha roto la última cadena de la esclavitud, que es el temor de morir. Cuando Cristo dijo a los suyos: "No temáis a los que matan el cuerpo" pronunció la última palabra de la libertad. El postrer baluarte del tirano en su lucha contra la libertad es la bayoneta homicida; cuando se acaba el miedo a las bayonetas el miedo a las bayonetas, el tirano se desconcierta y la libertad canta su triunfo.
Solamente el cristiano posee el secreto de la verdadera libertad, porque solamente él puede gloriarse de vencer a la muerte.
La actitud del mártir cristiano no es la fría y salvaje del estoico; es más humana; es más divina: el cristiano muere con el amor en el corazón, con las lágrimas en los ojos y en sus labios un grito sublime : el grito del entusiasmo, del amor, de la esperanza. ¿No escuchasteis, hermanos míos, ese grito heroico en la tarde inmortal del 12 de mayo? En medio de los rugidos de rabia de los verdugos, de los ayes de dolor de las víctimas, del ruido de la fusilería, del sorbo rumor de la multitud azorada, ¿No oísteis brotar de los labios moribundos de un anciano ese grito vigoroso, libérrimo, triunfante. ¡VIVA CRISTO REY!, ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!? Tu escuchaste Señora, el grito de fe y de amor de nuestro hermano heroico, Tú lo guardas en los íntimos repliegues de tu corazón tiernísimo. ¡Madre!, por ese grito, perdónanos. ¡Madre! por ese grito, sálvanos.
Tú lo escuchaste también, Patria Mexicana, antaño gloriosa y hoy sacudida por terribles convulsiones, y ese grito llevó a tu corazón lacerado el regocijo y la esperanza; no todos tus hijos se han afeminado, no todos se han hundido en el cieno; todavía hay hombres, todavía hay héroes; que sea ese grito la aurora de tu libertad y el presagio de tu salvación. Porque nuestros hermanos murieron por Dios y por la Patria, como lo expresaron muy bien los organizadores de este funeral.
Más hondamente que las balas homicidas penetró la imagen bendita de María de Guadalupe, y por ella, por su gloria, por defender su honor ultrajado, fueron al sacrificio. Esa imagen bendita prodigiosamente pintada por las rosas del Tepeyac, humedecida con las lágrimas de tantas generaciones, ungida con el amor de todos los mexicanos, encarna para nosotros la Religión y la Patria. ¿Me atreveré a decirlo? Mejor que nuestra gloriosa Bandera, la que conserva en sus pliegues nuestras glorias, la que simboliza nuestros anhelos, mejor que esa bendita Bandera, la Virgen de Guadalupe expresa las profundidades de nuestra alma nacional. ¿Lo dudáis? Cuando en el mes que acaba de pasar, obedeciendo tenebrosa consigna, los socialistas quisieron sustituir en nuestros templos la santa Bandera de la Patria por el exótico pabellón rojo y negro, emblema de odio y de sangre; en muchas ciudades de la República hubo sin duda viriles protestas y actitudes dignas; pero todo esto fue nada ante la inmensa conmoción que provocó en la Patria Mexicana el atentado contra la Virgen de Guadalupe; de todas partes se levantó un clamor de protesta, un grito de indignación resonó en la República entera; el socialismo se suicidó pretendiendo destruir la religión; y supo el mundo que para México hay algo que vale más que su Bandera, la Virgen de Guadalupe; que tocarla es tocar el alma nacional y que morir por ella es morir por Dios y por la Patria. ¡Dichosos nuestros hermanos que lograron enlazar y en un sólo heroísmo los dos más grandes amores de su alma! ¡Benditos ellos que en un solo holocausto ofrecieron su sangre al Dios del cielo y a la Patria de la tierra! ¡Pudiéramos nosotros imitar su ejemplo!
Para el católico mis queridos hermanos, no es algo raro y extraordinario el heroísmo, porque la Iglesia Católica es la única que posee la Eucaristía, que es la semilla del martirio. Ambiente de heroísmo respiramos al nacer bajo las bóvedas sagradas de las catacumbas; salpicada de sangre de mártires está nuestra Historia; y nunca faltará entre nosotros el martirio como nunca faltará la Eucaristía.
La Iglesia vive de dos principios, de dos sangres: de la sangre de Cristo que se vierte místicamente en el altar, y de la sangre de los mártires que se derrama de manera cruenta sobre la tierra. Ni la Misa ni el martirio faltarán jamás en la Iglesia. Estas dos sangres, hermanos míos, o más bien esa sangre, porque la sangre de los mártires forma con la de Cristo una sola sangre; esa sangre única es nuestra esperanza, es dulce, nuestra indestructible esperanza. Yo he tenido la audacia de haber esperado siempre la salvación de nuestra Patria; aún en aquellos momentos trágicos en que todo parecía hundirse en horrible catástrofe, yo esperé contra toda esperanza. Me parecía imposible que la Virgen de Guadalupe nos abandonara; no olvidé jamás que hay unos ojos dulcísimos que sin cesar nos miran, un corazón maternal que no cesa de amarnos, y cuando el espantoso cataclismo, vi hundirse el pasado, volví los ojos al Tepeyac para ver si se hundía también la sagrada colina; y al contemplar erguida, firme, serena la celestial imagen, miré tranquilo el porvenir, no vacilaría ahora; y si vacilara, buscaría en la inolvidable calzada de Guadalupe las huellas sagradas de la sangre cristiana, evocaría el recuerdo de la tarde gloriosa, escucharía en lo íntimo del alma aquel grito de vida en los labios del que iba a morir" -Julián Vargas-, "y estoy cierto de que la evocación me devolvería la fortaleza y la esperanza, y que yo gritaría también con todo el entusiasmo de mi alma: ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE! La sangre de la esperanza.
Creyeron nuestros enemigos que iban a ahogar en sangre nuestros derechos y nuestro valor: ¡ciegos! No sabían que el tónico mejor para el espíritu es la sangre y que la que ellos hicieron derramar fructificaría en la República entera. ¿No veis mis amados hermanos, que en todas partes surgen compactos,organizados, valerosos, grupos de católicos resueltos a defender sus derechos y a morir si es preciso por su Religión? ¿Qué ha pasado? ¿Qué aura divina de fortaleza y libertad sopla sobre la Patria Mexicana? ¡Nada! Es que ha resonado por donde quiera el grito del moribundo, es que la sangre de nuestros hermanos muertos, por todas partes ha fructificado. La sangre es la esperanza. Su voz elocuentísima, que lleva el valor a los corazones humanos, sube a los cielos como una plegaria ardorosa y triunfante y arranca la misericordia al corazón de Dios. ¡Señor!, si nuestras oraciones no han sido suficientes para hacerte olvidar nuestros pecados; ¡Señor!, si nuestras lágrimas no han podido borrar nuestras culpas y nuestros gritos de arrepentimiento no han ofuscado las blasfemias de nuestros enemigos: que la sangre de las víctimas unida a la sangre de tu Hijo traiga a México el perdón y la paz.
Hermanos: la mañana espléndida de la sangre nos hace esperar el ardiente mediodía de la salvación y de la felicidad. Por eso la muerte de nuestros hermanos nos parece amable y nimbada con la aureola de la gloria; por eso nos sentimos tentados a sustituir los negros crespones por los atavíos jubilosos y a trocar las notas tristísimas del Dies irae por los acentos regocijados del Te Deum glorioso.
Más, mientras la Iglesia no pronuncie su fallo inapelable, nosotros tenemos el deber de rogar por las almas de nuestros hermanos, por si todavía necesitan ser purificadas por la oración y por el sacrificio".
Catedral de Morelia, Michoacán
Sr. Cgo. Lic. Don Luis María Martínez
"Solamente la Iglesia con su decisión infalible puede otorgar a un hombre el dictado glorioso de mártir. Pero sin prevenir ese juicio supremo, nosotros podemos afirmar que la muerte de nuestros hermanos sacrificados el 12 del mes de mayo que acaba de pasar, fue heroica, fue gloriosa, fue una gracia insigne de Dios para ellos y para nosotros.
Mas la gracia de Dios no es algo aislado, sino algo que forma parte de una maravillosa cadena; no es una estrella perdida en el caos, sino un astro que entra en el concierto armonioso del universo; no es una flor que languidece en la soledad, sino que abre su cáliz para mezclar su aroma con todos los perfumes de una primavera; no es un relámpago que se pierde en la oscuridad de la noche, sino una espléndida mañana que brotó de una aurora y tendrá su mediodía.
Dios eligió a sus víctimas; Dios preparó a sus mártires. Si nos fuera dado sorprender los misterios de las almas, si pudiéramos escrutar la íntima, la sacratísima acción de Dios en los corazones, hubiéramos descubierto en la frente delas víctimas la señal de predilección y hubiéramos seguido en el secreto de su vida interior el hilo celestial que preparaba su fin glorioso. A través del tiempo atrevámonos, hermanos míos, a sondear el misterio, que siempre será dulce para el corazón evocar el recuerdo de los hermanos muertos. Miradlos.
Es el primero un anciano que consagró su vida a las nobles tareas del magisterio católico". Julián Vargas-. " Su virtud característica fue la firmeza inquebrantable de sus convicciones. Guardo incólume en su grande corazón la fe de Cristo sin flexibilidad ni timidez, y cuando pasó por nuestra Patria la racha revolucionaria doblegando los espíritus,como barre el huracán los flexibles tallos en los áureos trigales, él permaneció erguido, digno, sin que lo inclinaran hacia la tierra ni el peso de sus años ni la carga de su pobreza. Fue un hombre, fue un cristiano. Merecía ser mártir. En pos de él va un obrero, un representante de esa clase dignísima a la que en vano pretenden corromper los modernos agitadores porque tiene echadas hondas raíces en la tierra fecundada en la Iglesia; -Joaquín Cornejo- "de alma de niño y corazón de fuego. Paréceme estarlo viendo, como tantas lo vi desde esta cátedra santa, reflejando en sus ojos las santas emociones de su corazón, vibrando al impulso de todos sus nobles sentimientos. Su pasión fue la Eucaristía: acercábase a menudo al banquete de los fuertes, y ¡Cuántas veces después del ímprobo trabajo, ya muy tarde, a la mitad del día, buscaba afanoso en este mismo lugar al sacerdote que pusiera en sus labios la Hostia Santa! Tuvo el anhelo, casi diría la obsesión del martirio, y pienso que con santa tenacidad arrancó al Señor esa gracia suprema. Vosotros obreros que me escucháis, compañeros suyos que recibisteis sus confidencias y fuisteis testigos de su virtud sencilla, decidme si exagero las nobles prendas de nuestro hermano muerto".
"También cayó gloriosamente bajo la guadaña de la muerte, en la flor de su edad, un miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana" -Rómulo González Figueroa- "Haré cumplidamente su elogio si digo que poseía el espíritu, todo el espíritu de la benemérita institución: pureza de alma, entusiasmo juvenil, actividad de Apóstol; era lo que debe de ser un joven cristiano: una primavera, con sus floras, con sus perfumes, con sus esperanzas.
-Yo os felicito jóvenes, porque habéis tenido un mártir y plegue al cielo que, templados vuestros espíritus por su fuerte ejemplo, troquéis mañana el noble entusiasmo de la juventud por el esfuerzo varonil que salve a la Patria.-No olvidaré, mis hermanos, al sencillo, al oculto, al humildísimo cristiano" -Felipe López- "que tantas veces vimos por las calles de esta ciudad con la maroma al hombro. Era muy bueno. No os referiré rasgo alguno de su vida,porque recibió el precioso don de ocultarse siempre. Si pueden las cosas pequeñas compararse a las grandes, el humilde aguador me hace pensar en el prodigioso obrero de Nazaret cuya vida interior fue vulgar a los ojos de los hombres, cuya vida interior fue admirable a los ojos de Dios. -Y después ... vienen los héroes ocultos de quienes desconocemos hasta el nombre: la doncella, que a pesar de ruda persecución tenía el valor de ostentar sobre su pecho la cinta azul y la dulce imagen de María Inmaculada. Esta Madre tiernísima le dio sin duda a la fragilidad de su sexo el valor del heroísmo. -Y tantos otros cristianos heroicos que nosotros desconocemos, pero que Dios conoce.
Mañana, en el día de la eterna justicia, nosotros los conoceremos y estrecharemos su mano fortísima y escucharemos sus íntimas confidencias en el seno de Dios. Dios eligió sus víctimas; Dios preparó sus mártires y nosotros los preparamos también. Sí, nosotros, ¿por qué no decirlo? Cada muerte gloriosa fue sin duda el fruto de una vida cristiana; pero todas ellas son nuestra obra, son el fruto de nuestros esfuerzos de todos por la causa de Dios.
Cuando hace más de un lustro vimos horrorizados en nuestra Patria la abominación de la desolación, dejamos los católicos el ocioso lecho donde yacíamos, sacudimos el indigno sopor y con los ojos fijos en la Virgen de Guadalupe y estrechando fraternalmente nuestras manos nos decidimos a obrar, a obrar como lo demanda nuestra fe que no ha muerto, a obrar como lo exigen las vigorozas tradiciones de nuestra raza. Comenzamos a unirnos, comenzamos a obrar; si queréis sin orden, sin método, como se agita el ejército entregado al sueño de vivac a quien sorprende el enemigo; por todas partes surgen combatientes, requieren las armas abandonadas en el suelo y entre el confuso rumor de gritos y de órdenes se aprestan al combate.
Así surgieron, como indicio ciertísimo de que aún quedaba fe y fortaleza en la Nación Mexicana, primero la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, y después la Asociación Nacional de Padres de Familia y los Centros de Obreros y las Damas Católicas, y hasta las jóvenes quisieron tomar parte en el glorioso combate bajo la égida celestial de Santa Juana de Arco.
Muchos pensaron que aquello nada era: ¡torpes! No acertaron a adivinar la copiosa mies futura en aquellas débiles agujas que verdegueaban en los húmedos terrones. La vida es así; se elabora lentamente, en el silencio. La organización católica comienza a producir sus frutos: frutos de valor, de sangre de bendición. Nuestros mártires son obra de Dios, pero ¡son también obra nuestra!¡Bendito sean! Esa aurora celestial produjo una mañana radiosa; para describirla es preciso buscar una forma de bronce en aquel libro del Antiguo Testamento que es como la epopeya de la fortaleza y la libertad; es preciso repetir la frase heroica que uno de los esforzados Macabeos arrojó, como un latigazo, sobre el rostro del tirano: "Quid quaeris et quid vis dicere a nobis? parati sumus mori, magis quam patrias Dei leges praevaricari (II Mac. VII-2). ¿Qué buscas? ¿Qué nos pides?, estamos dispuestos a morir más bien que quebrantar las leyes de Dios que recibimos de nuestros padres". ¡Que actitud tan gallarda, tan digna la del mártir cristiano! Es el tipo del hombre fuerte, porque ha vencido la suprema fuerza, que es la muerte; es el tipo de hombre libre, porque ha roto la última cadena de la esclavitud, que es el temor de morir. Cuando Cristo dijo a los suyos: "No temáis a los que matan el cuerpo" pronunció la última palabra de la libertad. El postrer baluarte del tirano en su lucha contra la libertad es la bayoneta homicida; cuando se acaba el miedo a las bayonetas el miedo a las bayonetas, el tirano se desconcierta y la libertad canta su triunfo.
Solamente el cristiano posee el secreto de la verdadera libertad, porque solamente él puede gloriarse de vencer a la muerte.
La actitud del mártir cristiano no es la fría y salvaje del estoico; es más humana; es más divina: el cristiano muere con el amor en el corazón, con las lágrimas en los ojos y en sus labios un grito sublime : el grito del entusiasmo, del amor, de la esperanza. ¿No escuchasteis, hermanos míos, ese grito heroico en la tarde inmortal del 12 de mayo? En medio de los rugidos de rabia de los verdugos, de los ayes de dolor de las víctimas, del ruido de la fusilería, del sorbo rumor de la multitud azorada, ¿No oísteis brotar de los labios moribundos de un anciano ese grito vigoroso, libérrimo, triunfante. ¡VIVA CRISTO REY!, ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!? Tu escuchaste Señora, el grito de fe y de amor de nuestro hermano heroico, Tú lo guardas en los íntimos repliegues de tu corazón tiernísimo. ¡Madre!, por ese grito, perdónanos. ¡Madre! por ese grito, sálvanos.
Tú lo escuchaste también, Patria Mexicana, antaño gloriosa y hoy sacudida por terribles convulsiones, y ese grito llevó a tu corazón lacerado el regocijo y la esperanza; no todos tus hijos se han afeminado, no todos se han hundido en el cieno; todavía hay hombres, todavía hay héroes; que sea ese grito la aurora de tu libertad y el presagio de tu salvación. Porque nuestros hermanos murieron por Dios y por la Patria, como lo expresaron muy bien los organizadores de este funeral.
Más hondamente que las balas homicidas penetró la imagen bendita de María de Guadalupe, y por ella, por su gloria, por defender su honor ultrajado, fueron al sacrificio. Esa imagen bendita prodigiosamente pintada por las rosas del Tepeyac, humedecida con las lágrimas de tantas generaciones, ungida con el amor de todos los mexicanos, encarna para nosotros la Religión y la Patria. ¿Me atreveré a decirlo? Mejor que nuestra gloriosa Bandera, la que conserva en sus pliegues nuestras glorias, la que simboliza nuestros anhelos, mejor que esa bendita Bandera, la Virgen de Guadalupe expresa las profundidades de nuestra alma nacional. ¿Lo dudáis? Cuando en el mes que acaba de pasar, obedeciendo tenebrosa consigna, los socialistas quisieron sustituir en nuestros templos la santa Bandera de la Patria por el exótico pabellón rojo y negro, emblema de odio y de sangre; en muchas ciudades de la República hubo sin duda viriles protestas y actitudes dignas; pero todo esto fue nada ante la inmensa conmoción que provocó en la Patria Mexicana el atentado contra la Virgen de Guadalupe; de todas partes se levantó un clamor de protesta, un grito de indignación resonó en la República entera; el socialismo se suicidó pretendiendo destruir la religión; y supo el mundo que para México hay algo que vale más que su Bandera, la Virgen de Guadalupe; que tocarla es tocar el alma nacional y que morir por ella es morir por Dios y por la Patria. ¡Dichosos nuestros hermanos que lograron enlazar y en un sólo heroísmo los dos más grandes amores de su alma! ¡Benditos ellos que en un solo holocausto ofrecieron su sangre al Dios del cielo y a la Patria de la tierra! ¡Pudiéramos nosotros imitar su ejemplo!
Para el católico mis queridos hermanos, no es algo raro y extraordinario el heroísmo, porque la Iglesia Católica es la única que posee la Eucaristía, que es la semilla del martirio. Ambiente de heroísmo respiramos al nacer bajo las bóvedas sagradas de las catacumbas; salpicada de sangre de mártires está nuestra Historia; y nunca faltará entre nosotros el martirio como nunca faltará la Eucaristía.
La Iglesia vive de dos principios, de dos sangres: de la sangre de Cristo que se vierte místicamente en el altar, y de la sangre de los mártires que se derrama de manera cruenta sobre la tierra. Ni la Misa ni el martirio faltarán jamás en la Iglesia. Estas dos sangres, hermanos míos, o más bien esa sangre, porque la sangre de los mártires forma con la de Cristo una sola sangre; esa sangre única es nuestra esperanza, es dulce, nuestra indestructible esperanza. Yo he tenido la audacia de haber esperado siempre la salvación de nuestra Patria; aún en aquellos momentos trágicos en que todo parecía hundirse en horrible catástrofe, yo esperé contra toda esperanza. Me parecía imposible que la Virgen de Guadalupe nos abandonara; no olvidé jamás que hay unos ojos dulcísimos que sin cesar nos miran, un corazón maternal que no cesa de amarnos, y cuando el espantoso cataclismo, vi hundirse el pasado, volví los ojos al Tepeyac para ver si se hundía también la sagrada colina; y al contemplar erguida, firme, serena la celestial imagen, miré tranquilo el porvenir, no vacilaría ahora; y si vacilara, buscaría en la inolvidable calzada de Guadalupe las huellas sagradas de la sangre cristiana, evocaría el recuerdo de la tarde gloriosa, escucharía en lo íntimo del alma aquel grito de vida en los labios del que iba a morir" -Julián Vargas-, "y estoy cierto de que la evocación me devolvería la fortaleza y la esperanza, y que yo gritaría también con todo el entusiasmo de mi alma: ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE! La sangre de la esperanza.
Creyeron nuestros enemigos que iban a ahogar en sangre nuestros derechos y nuestro valor: ¡ciegos! No sabían que el tónico mejor para el espíritu es la sangre y que la que ellos hicieron derramar fructificaría en la República entera. ¿No veis mis amados hermanos, que en todas partes surgen compactos,organizados, valerosos, grupos de católicos resueltos a defender sus derechos y a morir si es preciso por su Religión? ¿Qué ha pasado? ¿Qué aura divina de fortaleza y libertad sopla sobre la Patria Mexicana? ¡Nada! Es que ha resonado por donde quiera el grito del moribundo, es que la sangre de nuestros hermanos muertos, por todas partes ha fructificado. La sangre es la esperanza. Su voz elocuentísima, que lleva el valor a los corazones humanos, sube a los cielos como una plegaria ardorosa y triunfante y arranca la misericordia al corazón de Dios. ¡Señor!, si nuestras oraciones no han sido suficientes para hacerte olvidar nuestros pecados; ¡Señor!, si nuestras lágrimas no han podido borrar nuestras culpas y nuestros gritos de arrepentimiento no han ofuscado las blasfemias de nuestros enemigos: que la sangre de las víctimas unida a la sangre de tu Hijo traiga a México el perdón y la paz.
Hermanos: la mañana espléndida de la sangre nos hace esperar el ardiente mediodía de la salvación y de la felicidad. Por eso la muerte de nuestros hermanos nos parece amable y nimbada con la aureola de la gloria; por eso nos sentimos tentados a sustituir los negros crespones por los atavíos jubilosos y a trocar las notas tristísimas del Dies irae por los acentos regocijados del Te Deum glorioso.
Más, mientras la Iglesia no pronuncie su fallo inapelable, nosotros tenemos el deber de rogar por las almas de nuestros hermanos, por si todavía necesitan ser purificadas por la oración y por el sacrificio".
martes, 30 de noviembre de 2010
CARTA A MI ESPOSA, DE JOSE MARÍA FERNANDEZ.
"Mi querida esposa:
El lápiz se me cae de la mano, no sé si escribirte o no hacerlo: digo esto porque si te escribo, quizá vaya a aumentar tus dolores; si no te escribo te formarás el concepto de que no te amo, de que no me acuerdo de ti ni de esos hijos tesoro de mi existencia por quienes he derramado abundantes lágrimas.
Voy a decirte: ¿Tendrás valor para escucharme? El 27 de abril de 1927 salí como te dije en una carta que a México te escribí de Tepalcatepec, y creo que recibirías, salí de San Isidro a Coalcomán a verme con don Guadalupe Lucatero, con el objetivo de arreglar el asunto del ganado que tú supiste; pero a mi llegada a dicho lugar, encontré que el señor Lucatero andaba levantado en armas, y una multitud, por no decir que todos, lo secundaron, inclusive el señor que tu sabes. Llegar yo y ver aquel regocijo, que el pueblo en masa aclamaba a Cristo que expuesto en la Custodia veía quizá con sonrisa placentera el entusiasmo de sus hijos deseosos de su Dios, al que hombres sin conciencia querían expulsar de las iglesias, de los hogares, etc.
Ver yo aquel alboroto y sentirme entusiasmado, todo fue uno. La sangre hervía en mis venas,¿y? ¿quieres que te diga?, ¿no te enojas?, hubo unos instantes que me olvidé de mi esposa y de mis hijos, y enchido de febril entusiasmo también yo salí y grité con toda la fuerza de mis pulmones: "¡VIVA CRISTO REY!" -Desde ese instante soy soldado de Cristo, y ya ver{as que tu esposo no rayando a sus sirvientes, no tratando de ganados, no haciendo negocios, sino lo verás con el arma en la mano defendiendo la fe de mi esposa, de mis hijos y la mía. ¿No es esto una prueba del amor que te tengo?... Aquí estoy cumpliendo con un deber de cristiano, y abrazado con una cruz tan pesada que apenas puedo con ella. ¡Cuántas cosas! Hambres, fríos, persecuciones y calumnias, pero lo que más me duele y hace sufrir, es el recuerdo de ustedes... Sé que sufres mucho, querida mía, tú, no acostumbrada a ningún contratiempo de la vida, la única en tu casa y tratada siempre con el mayor esmero!
Y ahora ser yo el autor de tus sufrimientos. ¡Pero que digo, si sé que también eres cristiana y secundarás mi obra en forma distinta!
Yo con el arma y tú con la resignación, yo tostado del sol y hambriento y tú con tus plegarias, estamos fundidos en el mismo crisol trabajando por el mismo ideal y nuestra vista fija en el mismo punto... Dios... Imagínate que hay veces que tenemos combates que duran sin cesar 24 horas y que a diestro y siniestro caen sin vida nuestros valientes soldados. Muchos han muerto en mis brazos y al morir ¿sabes cuál es su última palabra?: "¡VIVA CRISTO REY!" Y enseguida van a recibir su palma a la Gloria... Yo tengo la esperanza de verlos a ustedes aquí en la tierra, pero si muero ten el valor de la señora Gutiérrez" -doña Carmen Alfaro Madrigal viuda de Navarro Origel- "No me llores, por el contrario ofrece a Dios el sacrificio de mi vida, y ¡vive Dios! que si me pierdes en la tierra me tendrás más solícito velando por ustedes en el Cielo. Desde aquella mansión de paz rogaré por ustedes y por todos aquellos que le hagan bien... Por acá se habla de arreglos; ojalá, ojalá y esto sea como lo hemos pedido. Nosotros no cejaremos ni un momento: vencer o morir, así lo hemos pretendido, ofrecido con juramento, y de no ser como lo hemos pretendido, que Dios mejor me quite la existencia.
Te abrazo desde estas regiones desoladoras, y aunque personalmente no estoy con ustedes, sí estoy con pensamiento y los ideales. No te he abandonado, estoy contigo; pero una fuerza superior e irresistible me obliga a dejarlos. Hay algo más grande que la esposa, los hijos y los bienes, y es Cristo por quien lucho, por quien sufro, por quien se debe dejar lo más querido de este mundo. Tocó mi corazón una vez, otra más, y entonces corrí como Saulo y le dije: "¿que quieres, Señor de mí?" "Anda" me dijo, "defiéndeme porque mis enemigos me acosan" . Sin esperar más y sin vacilación ninguna, dejé cuanto tenía: intereses, negocios, y lo más grande, lo más querido: mi esposa y mis hijos. Es muy dulce sufrir por CRISTO REY.
En nuestros sufrimientos tenemos mucho de consolador. Sabemos que nos dicen: bandidos, salteadores, en fin un cúmulo de calumnias. Pero ¿qué importa?, también a Cristo lo calumniaron, ¿y no El mismo ha dijo: "bienaventurados los que padecen persecución por la justicia?"... Por mi no te aflijas, al contrario, vive satisfecha de tu esposo. No te preocupes por el porvenir. Dios estará contigo. ¿Crees que dejará a la familia del que todo lo dejó por El? Imposible. Ya tengo hecho mi pacto con Dios: casi a diario, por no decir todos los días, lo recibo en mi pecho y todo se reduce a hablarles a ustedes... A mis hijos, hazles ver que si los dejé, fué por Dios, no vayan a creer que fueron abandonados por otra causa. Háblales siempre de Dios...
Adiós, mi querida compañera, único depósito de mis sinsabores y dichas; contigo abrazo a mis queridos hijos y sabes que si no nos vemos en la tierra, viviré para ustedes en el cielo.
Tu esposo, José María Fernández .
Dios y mi derecho.
¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE! ¡VIVA EL PAPA!
*José María Fernández muerto en combate el día 9 de Mayo de 1929
sábado, 27 de noviembre de 2010
Versos para el 12 de Diciembre
Por: Miguel Agustín Pro, S.J.
¿A quién acudiremos en busca de consuelo,
sin patria, sin familia, sin techo y sin hogar;
Sino a Ti, que dejaste tu trono allá en el cielo
por conquistar la patria que quisiste habitar?
¡Errantes y proscritos, nos vedan, Madre mía,
volver a nuestra patria, que es patria de tu amor;
nos vedan que a tu lado pasemos este día;
nos vedan que a tus plantas pongamos una flor!
Qué importa que la muerte nos quite la existencia,
sufriendo del destierro la amarga soledad,
si en medio de las penas sentimos tu presencia,
sentimos que tu manto nos cubre con piedad.
EL CIERRE DE CULTOS
El cierre de cultos: Julio 31, 1926
J. Jesús Negrete Naranjo
Ecos de la Costa
“Al que has de tratar mal con hechos,
no trates mal con palabras”.
El Quijote.
I
Cayó en los corazones, como un rayo seco en mayo.
Ni la Iglesia ni el gobierno mexicano habían considerado, y rechazaban la posibilidad de una reacción popular ante el cierre de cultos.
Plutarco Elías Calles le propuso a Silvano Barba González el gobierno de Jalisco, para resolver una crisis política local. Silvano rechazó al punto el ofrecimiento: “Señor presidente, todas las circunstancias están en mi contra; usted no quiere creer que los católicos de Jalisco se van a levantar en armas. El General Joaquín Amaro, Ministro de la Defensa Nacional, tampoco me lo quiere creer, y el General Jesús Ma. Ferreira es de la opinión de ustedes”.
Esto ocurría en Julio de 1926.
II
Zuno, gobernador de Jalisco, daba nuevo impulso a la persecución religiosa; en los meses de junio y julio apretó: “En nombre de los principios filosóficos de la Revolución atacó, lleno de sevicias, a los obreros católicos de Jalisco”, según denuncia ante el presidente de la República; el 27 y el 28 de julio atacaron algunas iglesias de Guadalajara las fuerzas municipales de Guadalajara, hubo 600 heridos y numerosas detenciones; los seminarios fueron desalojados y cerrados a punta de bayoneta. Este hecho provocó gran manifestación; Zuno arengó a la multitud.
El joven Manuel Ontiveros, émulo de Anacleto, contestó: “La Revolución, manchada con sangre de hermanos, ha sido y sigue siendo una farsa trágica... y en estos momentos, señor gobernador, os mofáis del pueblo, ofreciendo con largueza en público lo que habéis negado con dureza en privado”.
Aquello era un plebiscito, la multitud impidió contestar a Zuno.
Los enemigos políticos de Zuno, consiguieron procesarlo por sus actos de gobierno. Fue desaforado el 12 de febrero de 1926 (Diario de la Cámara de Senadores):
“Zuno ha causado graves males a la Revolución, pervertido los ideales, y hecho perder las bases populares y obreras en Jalisco”.
III
Por parte del gobierno exigiendo acatamiento que se echaba a andar por la violencia, se empleaba la brutalidad sin talento político, se subestimaron campañas educativas y de convencimiento; se hizo el incendio, se sobreestimaba la demagogia Callista; e inició la lucha: injusta, bárbara y estéril.
La conducta de los sacerdotes y del pueblo o de los fieles, desconcertó inmensamente por sorpresiva a Roma y al gobierno.
El pueblo y los sacerdotes tenían fe; el alto clero, el gobierno, opiniones; los mártires, los santos y los héroes florecen en medio de los ideales, bañados por la fe.
El conflicto quedó claramente sedimentado en la conciencia de los fieles, transformándose en auténtica actitud de ¡pueblo cristiano!
IV
“Pues ya lo saben ustedes: no les queda más remedio que las cámaras o las armas”. (Calles a los obispos, 21 de agosto de 1926).
En las cámaras la votación fue: 160 en contra y negando totalmente la petición de los obispos.
Las cámaras se negaron a escuchar y atender. Las armas empezaron a hablar.
El pueblo necesitaba guías y modos de organizarse. La conciencia de la asamblea popular, tiene sus ideales, sus planes, sus actitudes, sus métodos. En tres años de guerra esto se hizo claro y meridiano.
J. Jesús Negrete Naranjo
Ecos de la Costa
“Al que has de tratar mal con hechos,
no trates mal con palabras”.
El Quijote.
I
Cayó en los corazones, como un rayo seco en mayo.
Ni la Iglesia ni el gobierno mexicano habían considerado, y rechazaban la posibilidad de una reacción popular ante el cierre de cultos.
Plutarco Elías Calles le propuso a Silvano Barba González el gobierno de Jalisco, para resolver una crisis política local. Silvano rechazó al punto el ofrecimiento: “Señor presidente, todas las circunstancias están en mi contra; usted no quiere creer que los católicos de Jalisco se van a levantar en armas. El General Joaquín Amaro, Ministro de la Defensa Nacional, tampoco me lo quiere creer, y el General Jesús Ma. Ferreira es de la opinión de ustedes”.
Esto ocurría en Julio de 1926.
II
Zuno, gobernador de Jalisco, daba nuevo impulso a la persecución religiosa; en los meses de junio y julio apretó: “En nombre de los principios filosóficos de la Revolución atacó, lleno de sevicias, a los obreros católicos de Jalisco”, según denuncia ante el presidente de la República; el 27 y el 28 de julio atacaron algunas iglesias de Guadalajara las fuerzas municipales de Guadalajara, hubo 600 heridos y numerosas detenciones; los seminarios fueron desalojados y cerrados a punta de bayoneta. Este hecho provocó gran manifestación; Zuno arengó a la multitud.
El joven Manuel Ontiveros, émulo de Anacleto, contestó: “La Revolución, manchada con sangre de hermanos, ha sido y sigue siendo una farsa trágica... y en estos momentos, señor gobernador, os mofáis del pueblo, ofreciendo con largueza en público lo que habéis negado con dureza en privado”.
Aquello era un plebiscito, la multitud impidió contestar a Zuno.
Los enemigos políticos de Zuno, consiguieron procesarlo por sus actos de gobierno. Fue desaforado el 12 de febrero de 1926 (Diario de la Cámara de Senadores):
“Zuno ha causado graves males a la Revolución, pervertido los ideales, y hecho perder las bases populares y obreras en Jalisco”.
III
Por parte del gobierno exigiendo acatamiento que se echaba a andar por la violencia, se empleaba la brutalidad sin talento político, se subestimaron campañas educativas y de convencimiento; se hizo el incendio, se sobreestimaba la demagogia Callista; e inició la lucha: injusta, bárbara y estéril.
La conducta de los sacerdotes y del pueblo o de los fieles, desconcertó inmensamente por sorpresiva a Roma y al gobierno.
El pueblo y los sacerdotes tenían fe; el alto clero, el gobierno, opiniones; los mártires, los santos y los héroes florecen en medio de los ideales, bañados por la fe.
El conflicto quedó claramente sedimentado en la conciencia de los fieles, transformándose en auténtica actitud de ¡pueblo cristiano!
IV
“Pues ya lo saben ustedes: no les queda más remedio que las cámaras o las armas”. (Calles a los obispos, 21 de agosto de 1926).
En las cámaras la votación fue: 160 en contra y negando totalmente la petición de los obispos.
Las cámaras se negaron a escuchar y atender. Las armas empezaron a hablar.
El pueblo necesitaba guías y modos de organizarse. La conciencia de la asamblea popular, tiene sus ideales, sus planes, sus actitudes, sus métodos. En tres años de guerra esto se hizo claro y meridiano.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Apoyo y Oraciones desde Chieti, Italia
"El pueblo mexicano ha sido escogido por Dios en nuestros tiempos para patentizar con su heroicidad al mundo entero, que la vida de la Iglesia no fenece, sino que goza de una eterna vitalidad. Por medio de este pueblo quiere el Señor traer a la memoria de todo el mundo cristiano, aquel aviso divino de velar y orar siempre, ya que todas por partes las nubes de futuras tempestades se van haciendo más y más densas.
La heróica resistencia de los mexicanos ha llenado nuestro corazón de inmenso gozo, y rogamos al Señor que se cumpla en ese pueblo aquella divina promesa: Beati qui persecutionem patiuntur propter justitiam quoniam ipsorum est Regnum coelorum".
Nicolás Monterisi, Arzobispo de Chieti, Italia. 29 de Octubre 1927
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