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sábado, 13 de abril de 2013

LA RESISTENCIA CRISTERA



Cuando ya había iniciado la segunda etapa de la Epopeya Cristera, el acejotamero de la vieja guardia Alfonso De la Torre Uribarren, radicado en Magdalena, Sonora, dirigió a Mons. Juan María Navarrete, Obispo de Sonora, en cuya Diócesis era tremenda la persecución, por obra del cacique Rodolfo Elías Chacón, hijo de Plutarco Elías Calles, un ocurso que fue firmado por buen número de católicos sonorenses, en el que éstos pedían a su Pastor les indicara la actitud que “como católicos y mexicanos” debían asumir en aquél Estado ante la tiranía existente, “pues por el silencio de V.R.I. y la inacción nuestra, más parecemos de la misma tiranía que defensores de nuestra Santa Religión”. A eso respondió el Prelado haciendo referencia a lo dicho por el Delegado Apostólico el 12 de diciembre de 1934 y añadiendo por cuenta propia:

«… es honesto sentir que el deber de los católicos ante la situación actual es presentar por lo menos una consistente y organizada resistencia pasiva… Si además de esto hay quien quiera resistir en otra forma, siempre que además de estar de acuerdo con los prescritos de la ley natural, ofrezca sólida probabilidad de buen éxito, juzgo que no haría más que usar de sus derechos naturales inalienables… Hay que hacer entender a los que no lo entienden que el socialismo, como se trata de imponerlo a nuestras conciencias, es un error anticristiano, antisocial y anti patriótico  que por ende, como cristianos, como hombres y como mexicanos estamos obligados en conciencia a resistir dicha imposición no sólo en nosotros sino también en los demás, en la medida de nuestras fuerzas, y que delante de Dios y delante de la sociedad seremos culpables si seguimos dejándonos arrastrar hacia el abismo como hasta aquí lo hemos hecho… ; la resistencia pasiva… es el mínimum del cumplimiento de nuestro deber… Pueden ustedes hacer el uso que gusten de esta mi contestación a su ocurso… Ruego al Señor los bendiga y llene de gracia para estar a la altura de su deber en las presentes circunstancias…»

Y los católicos firmantes de la solicitud se levantaron en armas capitaneados por De la Torre, quien murió peleando en defensa y por la reimplantación del Reinado Temporal de Cristo en México, el 13 de noviembre de 1935.

cristeros-10

domingo, 27 de junio de 2010

Asalto de Manzanillo

La Batalla o Asalto de Manzanillo fue un hecho de armas librado el 24 de mayo de 1928, y formó parte de la Guerra Cristera. Después de los combates librados en Jalisco, sorpresivamente, el 24 de mayo de 1928 los cristeros cayeron sobre el puerto de Manzanillo al mando del General Jesús Degollado Guízar.
 

Batalla
 

La inesperada presencia del cañonero Progreso de la Armada de México complicó los movimientos cristeros, puesto que los cristeros a pesar de la distancia comenzaron a atacar al buque. El ataque cristero trató de ser rechazado por ataques aislados de carabinas y uno que otro disparo de cañón del ARM Progreso, así como por elementos del Ejército federal que en ese momento protegían la guarnición de la plaza manzanillense. Después de estudiar la situación, el comandante del buque, el capitán de fragata Eduardo Loiza Iturrios, ordenó zafarrancho de combate, pero decidieron cortar los cabos que sostenían a la embarcación y así combatir con menos riesgo a los rebeldes, mientras tanto, los oficiales y tripulación ocuparon sus puestos de combate dentro y fuera del barco; en esta primera acción mueren 5 cristeros y un marino federal, de nombre José Villalpando Rascón, quién pose una placa de bronce en la Capital de la Ciudad; el combate duró poco, pero el cañonero no podía bombardear a la ciudad, por lo que se limitó a zarpar. Los cristeros creían tener ganada la batalla, sin embargo un error táctico cristero marcó su derrota. Revisado al término del combate y tras examinar los motivos de la derrota cristera, los cristeros culparon al General Alberto Gutiérrez por no haber llevado a cabo la interrupción de las comunicaciones entre Manzanillo y Colima, como se le había ordenado, no sólo cortando el telégrafo sino también afectando la vía férrea. También fueron acusados el general Andrés Salazar y Marcos Torres Virgen por no haber amagado Villa de Álvarez y Colima para distraer a las fuerzas federales. El motivo de la derrota fue de qué hora y media después, arribaba en tren el General Heliodoro Charis con todas sus tropas. El General Jesús Degollado Guízar ordenó la retirada al ver que se veían muy superados en número, pero algunos hombres del jefe cristero Lucas Cueva quedaron atrapados en el puerto al tratar de robar armamento.

Término de la Batalla
 

Después de un intenso combate, Charis recuperó Manzanillo. Las bajas cristeras fueron de 123 muertos y por parte de los federales murieron 29, entre oficiales y soldados.

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