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lunes, 19 de septiembre de 2011

ANACLETO, LA CAUSA ES PRIMERO



Anacleto Gonzalez Flores
Cuando la persecución se hizo más enconada, aquel esposo y padre cariñoso se vio precisado a visitar su hogar  sólo de vez en cuando. Tal vez sentía su corazón traspasado por el dolor, pero su ideal, como el de todos los grandes hombres, la causa era primero.
Presintiendo su muerte, y unos días antes, asistió por última vez a su hogar. Parecía despedirse de los seres más queridos, les arrulló y les cantó su oración:
“La Virgen María es nuestra protectora,
con tal defensora no hay nada que temer,
vence al mundo, demonio y carne,
guerra, guerra contra Lucifer”

Su hijo mayor, al recibir el Pan de los Ángeles por primera vez, le envía un saludo, ferviente, humano y sincero:
“Muy querido papacito:
Te escribo para decirte que hoy hice mi Primera Comunión. El Niño Jesús me dijo que tú mandabas un abrazo y un beso.
Yo te mandé con Él muchas gracias, mamacita y Rulito que te saludan. Hace un año que te fuiste, ahora yo te digo y me dices:
“Muchos días de éstos”
Le pedí a Cristo Rey que se hagan buenos los que te dieron los balazos y le prometí ser “hombre” como tú. 
Salúdame a mi madre del cielo y a mi tío Me (Salomé) y a todos, que ya no llore mi mamá, danos la bendición.
Tu hijo Ancleto de Jesús”. 

martes, 5 de julio de 2011

CRISTO ES NUESTRO REY




Con su Encíclica Quas Primas, este Pontífice Romano proclamaba al mundo: “JESUCRISTO ES REY” . Sin este Rey no hay justicia, no hay abundancia, no hay paz. Por eso es necesario que Él reine: “Opportet illum regnare”. “¡Viva Cristo Rey!”
Un arcángel fue enviado a una Virgen llamada María a decirle: ” Serás Madre, pero quedarás Virgen. No temas. Tendrás un Hijo que Dios pondrá sobre el trono de David, su Padre, y reinará para siempre y su reino no tendrá fin”. (Luc. 1: 32).
Entonces el Hijo de María, el Cristo, el Ungido de Dios, subiría al trono de David. ¿Como podría reinar eternamente sin ser Rey? Luego, Cristo es Rey.
Cuando después nació en plena noche, Su madre, rechazada en todas las posadas, lo puso en un pesebre y lo envolvió en pañales. Los cielos se conmueven; una nueva estrella aparece en lo alto movilizando a reyes de lejanas tierras al lado del Rey de los Reyes. Llegando a Jerusalén los magos preguntan: “¿Dónde está Aquél que ha nacido Rey?” Jesucristo es Rey desde el primer instante. Si no hubiera sido Rey: ¿Porqué aquellos reyes de Oriente viajaron tanto por Él? ¿Porqué Herodes le tuvo tanto miedo? (Juan, 14: 15). Porque Cristo es Rey.
Y crecerá ese niño que lleva sobre sus hombros el imperio (Isaías, 9: 6) y después de haber mandado a las aguas a los vientos y a los hombres exclamará: “Guardad mis mandamientos”(Juan 14: 15). ¿Quién puede obligar a observarlas, si no es Rey? Luego Cristo es Rey.
Al amanecer de un Viernes, Poncio Pilatos, gobernador de Roma en Judea, se encuentra con que la multitud le lleva un hombre para que lo juzgue. Pilatos pregunta: “¿De que acusáis a este hombre?” Le contestan: “Condenadlo porque se hizo Rey. Si lo sueltas no eres amigo del César, porque todo el que se hace Rey va contra el César”. Pilatos, entonces se vuelve al detenido y le pregunta: “¿Es verdad que tú eres Rey?” Y Nuestro Señor solemnemente responde: “Es verdad. Tú lo has dicho”. Luego, Cristo es Rey.
En el calvario se levantan tres cruces. A diestra y siniestra colgaban dos ladrones. En la del centro, en lo alto, había una inscripción: “Iesus Nazarenus, Rex Iudæorum”, Jesucristo Nazareno Rey de los judíos”.
¡Que Rey tan singular! A su voz, el sol se obscurece; el cielo se cubre de tinieblas: la tierra se estremece.
¡Que Rey tan singular! Es un Rey que tiene por trono un cruz, por corona, un enjambre de espinas; por manto púrpura, su propia sangre cuajada sobre las espaldas. Y sin embargo, allí reinaba.
Cuando la muerte sobreviene a los demás reyes, sus reinados finalizan. Este Rey Divino, por el contrario, comienza a triunfar cuando muere: “Cuando sea exaltado, todo lo atraeré a Mí”. Hasta el ladrón a su diestra lo percibe y en las angustias de la agonía, dirigiéndose al Salvador dice:“Cuando estés en tu reino, oh Señor, acuérdate de mí”. Entonces ¡El Crucificado tiene Su Reino! Luego, Cristo es Rey.
Los Once Apóstoles habían ido a Galilea. Y he ahí, que en lo alto de un monte aparece el Señor Resucitado. Todos se postraron, adorándolo. Nuestro Señor avanza hacia ellos con los brazos abiertos, diciendo: “Me fue dado todo poder en el cielo y en la tierra; id y enseñad a todas las naciones”(Mateo, 28: 18).
¿Ha existido por ventura en este mundo un rey que tuviera todo el poder en el cielo y en la tierra? Ni Ciro, ni Alejandro Magno, ni Augusto, ni Carlomagno, ni Napoleón tuvieron poder alguno en el cielo; sólo un poco en la tierra. No mandaban al mar, ni al viento, ni a las enfermedades, ni al pan, ni a los peces, ni a todos los hombres. Más Jesucristo manda sobre todo y a todos y para siempre. Luego, Cristo es Rey Universal y Eterno. Y Su Reino es un Reino de consolación y de gozo.
Nuestro Señor no es Rey para afligir con impuestos a sus súbditos; ni para armarlos de hierro y fuego y llevarlos a matarse los unos a los otros. Cristo es Rey para guiarlos por el camino al cielo; para asegurarles la salvación eterna y llevarlos al reino de los cielos, con la Fe, con la Esperanza y la Caridad.
Por eso Nuestro Señor Jesucristo Rey nos invita a seguirlo con estas palabras consoladoras y paternales palabras: “Vosotros todos, enfermos, cansados, agobiados, venid a Mí que Yo os aliviaré. Mi yugo es suave, mi carga es ligera”.
Los súbditos del Reino de Nuestro Señor Jesucristo no se vuelven esclavos, ni son siervos, sino elevados a ser amigos y hermanos del Rey y, por consiguiente, hijos de Dios.
¡Oh maravillosa suerte! ¡Que gloria ser súbditos y hermanos del Rey Eterno e Hijos de Dios!
“A Tí, oh príncipe de los siglos, a Tí, oh Cristo, Rey de las Gentes; a Tí te confesamos, ¡Único Señor de las inteligencias y de los corazones!”
¡Viva Cristo Rey!

domingo, 16 de enero de 2011

LOS CRISTEROS DE COLIMA Primera Parte

Catedral Basílica Menor. Colima, Col.


En la nueva y pequeña diócesis de Colima, regida por el más anciano de los prelados, quiso la revolución hacer un ensayo o una prueba de la aplicación de la legislación, haciendo efectiva la imposición de la obligatoriedad de la determinación del numero de sacerdotes y su registro, para después hacerla extensiva a todo el país.
La legislatura local expidió el 24 de marzo de 1926 un decreto reduciendo a veinte el numero de sacerdotes para toda la diócesis, quienes debía además registrarse en las oficinas municipales para poder ejercer su ministerio, dando diez días de plazo para efectuar el registro.


"En el Estado de Colima se asistía al ensayo general de lo que iba a ser la crisis nacional en julio. El 24 de marzo, la legislatura limitó a 20 el número de sacerdotes y los obligó a inscribirse ante las autoridades...
Las condiciones podían parecer propicias a su tentativa: pequeño estado aislado, obispo enfermo, anciano y de carácter dulce, población pacífica, gobierno omnipotente. Para la ciudad de México, el asunto valía la pena: si el clero de Colima cedía, creábase un precedente, y las demás diócesis irían cayendo en cadena."
Fue entonces cuando el venerable clero, encabezado por Mons. Francisco Anaya y el padre Don J. Jesús Urzúa, en cuerpo colegiado y con gesto de sublime heroísmo, se presentó a su anciano Obispo para decirle: Estamos todos dispuestos a sufrir y aun a morir si es necesario, antes que claudicar. Estamos prontos a echar sobre nosotros la ira de los hombres antes que entregar en anos impías los Derechos de Dios y de las almas. Será Vuestra Señoría Ilma., quien iluminado por Dios, acuerde lo conducente. Contará, ayudándonos Dios, con todo su clero. Y fue también cuando, Obispos y sacerdotes colimenses, en viril documento, manifestaron que no podían ser traidores a Cristo poniendo en manos de los hombres de la Revolución impía a su Santa Iglesia"


El día uno de abril contestó el prelado a los tiranos manifestando su absoluta inconformidad con el decreto expedido el 24 de febrero, por el cual osaban legislar sobre el gobierno eclesiástico de su diócesis.


"Delante de Dios y de todos mis amados diocesanos declaro también, que antes quiero ser juzgado con dureza por aquellos que sobre este delicado asunto han provocado mi actitud, que aparecer lleno de oprobio y de vergüenza en el tribunal del Juez Divino, y merecer la reprobación del Supremo Jerarca de la Iglesia" 


Palacio de Gobierno
El clero y el pueblo se solidarizaron con su Obispo animándole a la justa resistencia. El día cinco, una gigantesca manifestación de prácticamente toda la ciudad y delegaciones de las poblaciones vecinas llegó hasta el Palacio de Gobierno exigiendo la derogación del decreto. La policía y civiles armados se apostaron en los tejados de la plaza y balcones de Palacio. Cuando desde el balcón principal gobernador desafió al pueblo, afirmando que nada ni nadie le harían cambiar su decisión, fue abucheado y se inició un tiroteo sobre la multitud, corriendo la sangre y cayendo los primeros héroes y los primeros mártires colimenses.
El siete de abril ordenó el Ilmo. Sr. Obispo suspender el culto público, actitud que poco después sería adoptada por el Comité Episcopal.


A medida que se acercaba el día en el cual debería celebrarse el último acto de culto público, crecía el fervor del pueblo que, llorando cantando y rezando, llenaba no sólo el recinto de la Catedral  y de todos los templos, sino los atrios y las calles adyacentes. Los cánticos ponían de manifiesto el sentido que el pueblo daba  a la epopeya que se iniciaba:




"Tu reinarás, este es el grito
que ardiente exhala nuestra fe.
Tú reinarás, oh Rey Bendito,
pues tu dijiste: reinaré.
¡Reine Jesús por siempre, 
reine su corazón,
en nuestra Patria, en nuestro suelo
que es de María la Nación!"   

     





sábado, 7 de agosto de 2010

El grito de guerra: ¡Viva Cristo rey!


El grito de guerra durante la persecución religiosa en México con los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles de 1927 a 1929.

Las mujeres; viudas, esposas, hermanas, etc., jugaron un papel preponderante al organizar las Brigadas Femeninas Juana de Arco, responsables de el abastecimiento de armas, municiones y cuidado de los heridos.

Las Brigadas Femeninas eran un secreto total para todos los que a ellas no perteneciesen. El JURAMENTO era prestado de rodillas DELANTE DEL CRUCIFIJO:


"Ante Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ante la Santísima Virgen de Guadalupe y ante la Faz de mi Patria, yo, N. Juro que; aunque me martiricen o me maten, me halaguen o prometan todos los reinos del mundo, guardaré el tiempo que sea necesario y en secreto absoluto todo sobre la existencia, actividades, y sobre todo, los nombres de personas, sus domicilios, señalamientos y particularidades...que se refieran a sus miembros.

Con la gracia de Dios, primero morir que convertirme en delatora".

Hacia fines de 1929, cuando el gobierno al fin descubrió como eran abastecidos los ejércitos cristeros, llegaron a ser mas de 30,000 brigadistas. Se vestían con ropa especialmente confeccionada para llevar dentro de ella armas y municiones hacia el campo de batalla.

La mujer fue también la que dió valor a esposos e hijos para unirse a los ejércitos cristeros diciéndoles; "tu ve a pelear por nuestra Iglesia y nuestra religión, que aquí nosotras ya cuidaremos de la familia y los niños".

De antemano, pido disculpas por la forma tan singular de expresarse al principio de este video, de Don Bruno Zavala. Solamente que no hay forma de expresar el valor con el que luchaba el cristero contra el ejército federal, el cual en múltiples ocasiones huyó asustado y acobardado, no obstante la superioridad numérica que casi siempre llegó a ser de 10 a 15 soldados federales por cada cristero.



(de www.youtube.com por BrigadierCristero)




lunes, 7 de junio de 2010

Oración para pedir el reinado de Cristo




Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal. Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo las promesas de mi bautismo, renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano. Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia. Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza, y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.


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