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domingo, 24 de febrero de 2013

UN CORONEL, HIJO DE CRISTO REY


Un 1º de abril del año 1928,  nuestro jefe Cristero Manuel Ramírez Oliva escribe esta carta en Teocaltiche, Jalisco a quienes firman haciéndole petición de que deponga las armas y se entregue a las autoridades.



Muy señores míos os contesto por mi y mis compañeros. Realmente he sentido a la vez ira y tristeza al ver tanta firma haciendo una petición tan ruin. Hay entre vosotros dos clases de individuos: los que son adictos la administración abominable de Calles y los que guardándole un odio verdadero son arrastrados por su cobardía a la picota del ridículo y al colmo de la indignidad. Me dirijo a los clasificados en el primer término, para deciros, señores, que no comprendéis o no queréis comprender los sublimes ideales inscritos en nuestra bandera, porque no tenéis más Dios que el oro, y sólo os preocupáis de la bonanza de vuestros negocios aunque viváis en la esclavitud, juntamente con el pueblo entero, aún cuando nuestra Patria solloce oprimida por la tiranía más brutal que registra nuestra Historia, y aunque todos los valores morales se encuentren por completo desquiciados, despreciados, pisoteados por un puñado de bárbaros sin ley, a quienes también rendís culto. Porque, ¿cuál es la obra del gobierno de Calles? ¿Que hacen los militares depositarios de la fuerza pública, que deberían emplear la fuerza para proteger a la sociedad? Convertirse en verdugos de esa misma sociedad, asesinar sacerdotes, allanar moradas, violar doncellas, ultrajar familias enteras, incendiar hogares , asesinar pacíficos, insultar a los hombres honrados, lanzar millares de pobres a la miseria y llevar el latrocinio, el llanto, la desolación y el luto por dondequiera que pasan. Con esos hombres es con quienes estáis solidarizados. Las ofertas de dinero que se nos han hecho son objeto de nuestro desprecio; no tenéis ni vosotros ni el gobierno con que comprarnos, porque no nos vendemos, no traficamos con nuestras conciencias, no queremos aprovechar la sangre de nuestros mártires, de nuestros compañeros muertos, como pedestal de nuestra codicia. No nos arredran las fatigas, no desmayamos por las contrariedades, no hay nada que nos haga desistir de nuestro propósito, de seguir luchando por la libertad de la Iglesia, por la libertad de la Patria y la libertad humana. Nosotros dentro de nuestras privaciones os compadecemos, nos causa repugnancia vuestro servilismo. Perdéis vuestro tiempo tratando de convencerme: Soy hombre de criterio definido, siempre he sido Católico y siempre lo he confesado orgullosamente. Si queréis ayudar al gobierno en contra del movimiento libertador, en vez de firmas y polémicas faltas de sentido, empuñad las armas y sostened vuestras ideas donde mis compañeros y yo sostenemos las nuestras. Ahora dirigiéndome a los simpatizadores nuestros, que por miedo han firmado, les digo: ¿No os abochorna haber presenciado impasibles tanto crimen? ¿No os remuerde la conciencia ser cómplices de ellos con vuestra pasividad? Un esfuerzo unánime ya nos hubiera producido la victoria. Cada quien dentro de su capacidad y de su posibilidad puede ayudar a tan grande obra como es la de salvar a la Patria. Aún es tiempo de cumplir con vuestro deber. ¿Qué hacéis sometidos a ese gobierno infame? ¿Cuáles garantías os concede? No sois dueños de vuestras familias, ni de vuestras vidas, ni de vuestros bienes, ni aún siquiera de creer en Dios. Arrojad la cadena que os han puesto al cuello, venid a luchar por vuestra libertad y por la de vuestros semejantes; venid a reunirnos con los hombres libres, para que junto con nosotros podáis lanzar a los cuatro vientos el grito majestuoso de ¡¡¡VIVA CRISTO REY!!! Soy de ustedes atto. y S. S. Manuel Ramírez Oliva.

martes, 15 de mayo de 2012

A MERCED DE LOS LEONES


Después de dos años y medio de combates, los Cristeros afrontaron el duro trance de la rendición, y su comandante -a la muerte de Gorostieta-, Jesús Degollado Guízar, les dijo en su proclama de licenciamiento:

«Nuestra resistencia ha sido un hecho cuya magnitud no pueden comprender los que se gozan en deturparnos siempre… Aunque se han tenido que dar pruebas repetidas y constantes de bravura y tenaz perseverancia, que soportar por larguísimo tiempo acerbísimas penas, han sido nuestro sostén en la contienda, no sólo el valor y el desinterés que los combatientes nos hemos comunicado, sino de un modo especial, la cooperación que sin descanso y con una abnegación que no tiene límites, nos han prestado los habitantes de las comarcas en que hemos luchado, y en forma asombrosa, miles y miles de personas desde muchos puntos del país. Este esfuerzo, esta cooperación explican, en parte, el motivo de nuestra resistencia contra el enemigo provisto de toda clase de elementos y sostenido por el oro y el poder de la nación más rica de la tierra.
«Su Santidad el Papa por medio del Excelentísimo señor Delegado Apostólico, ha dispuesto, por razones que no conocemos pero que, como católicos aceptamos, que sin derogar las leyes, se reanudarán los cultos… En el acto, nuestra situación, compañeros ha cambiado… En realidad, el arreglo inicial concertado entre el Excelentísimo Señor Delegado Apostólico y el licenciado Portes Gil nos ha arrebatado lo más noble, lo más santo, que figuraba en nuestra bandera desde el momento en que la Iglesia ha declarado que, por de pronto, se resignaba con lo obtenido, y que esperaba llegar por otros medios a la conquista de las libertades que necesita y a las que tiene legítimo derecho. En consecuencia, la Guardia Nacional ha asumido toda la responsabilidad de la contienda, pero esa responsabilidad no le será imputable desde el 21 de junio próximo pasado: la actual situación no ha sido creada ni apetecida por ella.
«Como hombre, cábenos también otra satisfacción que jamás podrán arrebatarnos nuestros contrarios: la Guardia Nacional desaparece, no vencida por sus enemigos, sino en realidad, abandonada por aquellos que debían recibir, los primeros, el fruto valioso de sus sacrificios y abnegaciones…
«¡Ave Cristo, los que por Tí vamos a la humillación, el destierro, tal vez a una muerte ingloriosa, víctima de nuestros enemigos, con todo remordimiento, con el más fervoroso de nuestros amores te saludamos, y, una vez más, te aclamamos Rey de nuestra Patria!»
Y en efecto, los Cristeros, excelentes cristianos del siglo XX, quedaron a merced de los leones. El compromiso oficial de conceder pasaportes a los amnistiados fue violado por numerosos funcionarios sedientos de venganza. Después de rendir las armas, valientes jefes de la Guardia Nacional, e incluso tropa cristera, fueron asesinados en diversas partes del país. Durante meses duró este festín de sangre en ciudades, poblados, villas y rancherías eran buscados y muertos los que se habían distinguido en una acción de guerra.
Si no se les había podido abatir en el combate, era fácil liquidarlos ya rendidos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

MENSAJES PARA LOS CRISTEROS


“… enseñar al mundo que el Reinado Temporal de Cristo es pacifica y hay que implantarlo, sostenerlo y defenderlo por medios normalmente pacíficos, porque cuando se hace necesario debe implantarse y sostenerse y defenderse con sangre de mártires y heroísmo de cristeros.”
Así como no basto la palabra sola de Cristo para que su Doctrina arraigara y fue necesario que el redentor muriera en la Cruz, en el mas rotundo de los humanos fracasos, y que cientos de miles de mártires dieran su vida en testimonio de su Fe Cristiana, para que el catolicismo arraigara solidamente en la tierra; del a misma manera, fue preciso que el culto a la potestad real de Jesús, que la necesidad de reimplantar el imperio social, cívico y político del Reinado Temporal de Cristo, fuera predicado por nuestros mártires y nuestros Cristeros, combatiendo estos y muriendo unos y otros al grito de ¡Viva Cristo Rey!, para que aquel culto y esta aclamación se generalizara en todos los pueblos del orbe católico, y para que, mas tarde fructificara espléndidamente su enseñaza y su ejemplo sobre la restauración del Reinado Social, Cívico y político del Rey de Reyes.
Pío XI
El 17 de julio de 1927 dirigió al Diario de El Paso Mons. Alejandro Macchi, Obispo de Andria, Italia, un mensaje en el que decía:
“También desde este lejano rincón de las Puglias, quiero que llegue el mas ferviente y entusiasta saludo del Obispo, del Clero de os Fieles y de todas sus asociaciones, al fuerte y valiente pueblo mexicano, perseguido y bañado con sangre en defensa de su Fe, por la admirable fortaleza con que hace frente y resiste al inicuo tirano. Semejante fortaleza edifca y conmueve al mundo, y no encuentra ejemplo en la historia, sino en los primeros siglos del Cristianismo, cuando la sangre de los mártires era semilla de cristianos” 
El 27 de julio del mismo año, escribía Mons. Nicolás Charikiopulos, Obispo de Chios Grecia:

“El torrente de sangre que se esta derramando con tan grande generosidad por los perseguidos católicos mexicanos por la causa de Cristo, no solo abrirá a sus almas las puertas del Cielo, según la infalible promesa de Nuestro Señor : Beati qui persecutionem patiuntur propter justitiam”, sino que además fecundará la tierra de México, de la que brotaran juntamente con al paz, almas escogidas, dignas del nombre cristiano, soldados valientes de Cristo Nuestro Señor. Sepan los valientes católicos mexicanos, nuestros hermanos en la fe, que su admirable ejemplo ha producido un bien inmenso en el mundo católico. Ellos con su ejemplo han hecho revivir la Fe y han inspirado el mas puro amor, respeto y veneración para nuestra religión católica”
El mismo 27 de julio de 1927, escribía el Obispo de Basilea y Lugano, Suiza:
“Recibimos con sumo interés las noticias de lo que tiene que sufrir por su fe nuestros hermanos mexicanos. Admiramos su heroísmo y el magnifico ejemplo que nos dan de valor y de la fidelidad a la causa de Jesucristo, nos sirve de estimulo y edificación”.
El 25 de agosto del mismo año, transcribía Mons. Pedro Vera y Zuria, Arzobispo de la Puebla de los Ángeles, el siguiente mensaje de Mons. Miguel Akras, Arzobispo Maronita de Alep, Siria:
“La terrible calamidad que se desencadeno sobre la Iglesia en México desde hace mas de un año con el fin de aniquilarla, no podía dejarnos insensibles. Con ansiedad y con esperanza recibíamos las noticias de los sufrimientos heroicos y de las ignominias indecibles que han tenido que padecer numerosos mártires. Las noticias traídas por los periódicos y revistas las anunciábamos al pueblo desde el pulpito. Los fieles las escuchaban con visible emoción, recordando los primeros siglos del cristianismo… El mundo entero mientras, condena y estigmatiza el infame proceder de los actuales gobernantes de México, admira en el Clero y en los católicos de aquella gloriosa Nación el heroísmo inteligente y perseverante con el cual sostienen el rudo combate. Con inquebrantable confianza esperamos que por medio de ellos triunfe Cristo Rey”. 

El 27 de septiembre del mismo año, escribía Mons. Luis Zaffarami, Obispo de Todi, Italia: 
“¡Que ejemplo tan insigne y admirable de unión y disciplina y de fortaleza dan a todos los fieles cristianos los católicos mexicanos!. Lucha ese pueblo por vindicar y conservar la libertad de su Iglesia, para implantar y consolidar el reino propicio de Cristo Rey; por doquiera se ve oprimido de la persecución y de los padecimientos; sujetos al destierro y al martirio, más no vencidos, renuevan ellos ejemplos de los cristianos de la era primitiva y siguen fielmente sus huellas”.
El 5 de marzo de 1928, escribía Mons. Joseph Lo Gonaze, Arzobispo coadjutor de Port au Prince, Haití:
“Con la Iglesia Católica entera, la Iglesia de Haití, sigue con profundo dolor y grande admiración para nuestros hermanos de México, los sombríos acontecimientos que se desarrollan en ese país. Nuestros corazones sangran ante las torturas que un gobierno perseguidor dirige contra los queridos católicos mexicanos; pero nuestra fe se aviva con la actitud maravillosamente valiente de las victimas de Calles”.

Poco antes, el 19 de febrero, se reunió en la ciudad de Budapest, Hungría, el congreso de Protesta Contra las Tiranías del Perseguidor de la Iglesia en México, al que acudieron miles de Católicos, siendo presidido el mitin, por l a eminencia, el Cardenal Justiniano Seredi, Arzobispo – Primado – Duque de Hungría, quien abrió el congreso diciendo:
“Amadísimos hijos míos, Católicos de Hungría:
Las grandes calamidades que padecen ahora nuestros hermanos los católicos de México, nos han reunido en este lugar, para confesar ante la faz del mundo entero que sus desgracias son también las nuestras, que sus padecimientos nos llegan a nosotros en el alma… pero no solo nos hemos reunido aquí para demostrar nuestro dolor, sino también para reanimar nuestra fe, y enardecer nuestro valor cristiano ante los ejemplos sublimes del heroísmo de nuestros hermanos perseguidos, que nos recuerdan los tiempos de los Macabeos. Hemos venido aquí para rendir tributo de admiración a los que en estos mismos días han dado su sangre por Jesucristo, en defensa de su fe coronados del martirio. Finalmente nos hemos reunido para impetrar de los mártires gloriosos bendiciones y gracias celestiales”.
Poco después, se congregaron centenares de Católicos Germanos en las dos grandes salas de la Unión de Católicos Alemanes de la ciudad teutona de Friburgo, en la que dijo el prelado Friburgues Mons. Brettle, al exponer el fin del a reunión:
“Queremos que nuestros corazones latan de amor y de entusiasmo por la religión y que se fortalezcan con el ejemplo y la grandeza del alma de nuestros hermanos de México; queremos demostrar nuestra simpatía y compasión hacia aquellas pobres gentes, perseguidas y maltratadas por defender sus creencias; queremos aprender de ellos a conservar el tesoro de nuestras creencias y a cumplir nuestros deberes presentes y futuros; queremos demostrar que somos una comunidad cuya cabeza es Cristo y la visible, el Papa”.
En lo anterior no hay ninguna exageración, pues dos años antes, en plena epopeya Cristera, la Santidad de Pío XI dijo en la carta que el Emmo. Srio. De estado, Cardenal Gasparri dirigió el 27 de julio de 1927 al Obispo de Oviedo:
“El pensamiento y el magnánimo corazón del Santo Padre están fijos constantemente en la desolada Nación Mexicana y en los angustiosos sufrimientos de que son blanco aquellos fieles, tanto mas queridos y dignos de su amorosa solicitud, cuanto mas hoy a la prueba del dolor y hechos espectáculo ante el mundo, ante la historia y ante Dios, para demostrar de que heroísmo sea inspiradora la Fe, y como en el nombre de Cristo, su Iglesia y sus seguidores están siempre prontos a renovar las gloriosas hazañas de los Mártires”.

***

sábado, 12 de noviembre de 2011

CON EL CORAZÓN HENCHIDO DE GRATITUD



Tacubaya, D.F. 12 de Noviembre de 1926
Señorita R. M. R.

Apreciable señorita: Le escribo a usted con el corazón henchido de gratitud. Es esta la primera carta que escribo después de la muerte de mi hijo Manuel (Q.E.P.D.) -se alude al mártir Manuel Melgarejo y Nápoles-. Intencionalmente he dejado transcurrir estos dos meses prácticamente sin comunicación de mi parte con persona alguna de Zamora, para disfrutar en la intimidad y quietud de mi pobre hogar, a solas con mi esposa y los dos hijos que me quedan, la grandísima satisfacción, única, que nos ha proporcionado el sacrificio de nuestro heroico hijo, muerto en Zamora en aras de un ideal no sólo grande y noble, sino cristiano y muy santo. Orgulloso de mi dicha, la aprisioné en las cuatro paredes de mi humilde hogar, temeroso de que me la arrebataran la envidia o el egoísmo mundanos. Es ya tiempo de romper el silencio, y son las primeras líneas éstas que dirijo a usted, para que comparta conmigo mis alegrías y grandes satisfacciones, como compartió el dolor cuando, en una misión verdaderamente cristiana, piadosamente amortajó aquellos dos cuerpos ensangrentados… Ésta casa no se ha entregado al dolor; no ha habido entre nosotros ni alarde de sentimentalismos ni cacareos de dolor. Nuestras miradas van más allá de lo terreno. Claro está con los hechos, como estamos, de carne y hueso, a veces el dolor nos acomete y hace flaquear nuestras débiles fuerzas; pero en términos generales, no hemos dado cabida al dolor, porque sencillamente entendemos que el dolor no debe albergarse en el corazón del cristiano cuando la Providencia Divina -en todo grande y en todo magnífica- le ha deparado la enorme dicha de escoger entre sus hijos al más noble, al más bueno, al más piadoso para que le ofrende su vida -no manchada todavía con la impureza- en holocausto divino por la libertad de la Iglesia, que tanto necesita México.
Nosotros, sus padres, conocíamos la noble intención que lo llevaba, en compañía de Joaquín Silva, a aquellos lugares; sabíamos a lo que iba y los riesgos que correría; de todos sus planes y proyectos teníamos pleno conocimiento; y contaba el pobre, el abnegado muchacho, con nuestro entero y abierto conocimiento, con nuestra franca y decidida aprobación y también con la fuerza y el consuelo de nuestra humilde y espontánea bendición. Como padres creyentes y católicos, no podíamos hacer otra cosa; teniendo tres hijos varones, nos consideramos obligados a ofrendarle a Dios el mayor en momentos en que lo reclamaba la lucha en defensa de la libertad de la Iglesia. ¿Que mayor satisfacción podemos ambicionar? Por ello le estamos profundamente agradecidos a la Divina Providencia, y así como lo sentimos en lo íntimo del corazón, asimismo lo confesamos franca y públicamente.

Fracasados estos jóvenes en sus planes (en la parte material se entiende), por villanía o traición, por torpeza del grande o del chico, o por inexperiencia de los dos, manos criminales consumaron el sacrificio que enalteció la Fe de Cristo, cubrió de gloria a mi hijo y vino a poner un marco de inestimable valor, por lo honroso, al pobre cuadro de esta humilde familia; y fue usted, señorita, a la que tocó desempeñar el papel tan noble en la tarea de dar a los cuerpos de estos dignos Mártires su cristiana sepultura. Sé muy bien cuál fue su comportamiento con este motivo, debido a su gran corazón y a sus piadosos sentimientos -que mucho la honran-, estos cuerpos bajaron al seno de la tierra amortajados decorosamente. Esta acción de usted no necesita elogios, que opacarían el esplendor con que a usted la dejó aureolada. Por eso vengo sólo con estas palabras líneas a darle a usted cumplidamente las gracias y decirle, en mi nombre y en el de los míos, que el nombre de usted y el de los suyos ocupan un lugar preferente en nuestro corazón, en donde tendrán la perpetua guardia de nuestra gratitud. No soy nadie ni valgo nada. Cuento sólo con mi pobreza, creo tener el corazón bien puesto. Desde hace cerca de diecinueve años formé un hogar, en el que llevamos la vida de sosiego y gustamos todos la dulzura de la apacible tranquilidad. Por temperamento vivimos isladamente. No tenemos pretensiones ni abrigamos ambiciones bastardas. ¿Que más puedo desear en mi medio? Créalo usted, que desde el fondo de mí sólo bendigo de corazón el Santo Nombre de Dios. Teníamos ya resuelto el viaje de mi esposa y Alfredito (el hijo más chico de nueve años), a Zamora, para el día de Muertos, cuando un espíritu de esos pusilánimes y criminalmente cobardes, que por desgracia tanto abundan entre nosotros los católicos, lo hizo aplazarlo para más tarde, pero creo que muy pronto ella o yo tendremos el gusto de ir a decirle a usted en viva voz estas expresiones que ha ido dictando mi corazón. ¿Habría en Zamora alguna mano piadosa que el día 2 de noviembre se acordara de mi hijo Manuel?
Para terminar, cerrando con broche de oro esta carta, quiero estampar otra vez las palabras que espontáneamente brotaron de mi pecho al principio de éstas líneas: Le escribo a usted con el corazón henchido de gratitud.
Soy de usted con la mayor consideración y respeto, afectísimo y atento servidor, Manuel Melgarejo. (Padre)

domingo, 9 de octubre de 2011

PARA QUE LA PATRIA SE SALVE


“Me voy confiado en las oraciones de todos los que me han dicho que ruegan por mí, pero en especial muy confiado en las oraciones de mi hermana y de mi madre, que son con toda seguridad las únicas que me ha salvado de tantas cosas. No quiero que pidan a Dios que me salve de las balas ni de los peligros, de hambre y de enfermedad, los cuales si acaso no vienen a redundar más que en la muerte.
Quiero que pidan por la salvación de la Patria, despréndanse totalmente de un mocoso como yo que no sirve de nada, pidan que se salve la Patria y de esta manera han pedido por mí y por todos los que andamos con las manos en la masa. 
Para que la Patria se salve necesario es sacrificio y justicia: dar a cada quien lo que es suyo, y así dar a Dios lo que le toca, que sea Él quien mande y quien ordene. ¡Que jamás se cometan pecados! Pidiendo por la salvación de México han pedido para todos los luchadores, entre los que indignamente me cuento, fuerza física para luchar y sobre todo fuerza moral para obrar conforme a la voluntad de Dios y para reconocerlo por Rey sacrificándolo todo en bien de la causa. 
Esto es lo que se necesita para el triunfo. No se ocupen de bagatelas como de que salga o no con vida, que me enferme o no; esos son detallitos que Dios sabrá lo que ordena. A nosotros nos toca ponernos en sus manos y no ensuciar la lucha con egoísmos e interese mezquinos. Hay que darlo todo y con voluntad; y que Dios disponga porque es el Amo. Pidan pues por la causa, porque ningún luchador peque, que ningún luchador llegue a ser dominado por sus intereses mezquinos, que siempre se mire de nuestra parte el sacrificio y la lucha; de parte de Dios esperar todo lo demás “
Alfonso de la Torre Uribarren.

En carta a su madre y hermana.

sábado, 27 de agosto de 2011

EN DEFENSA DEL MÁS NOBLE Y JUSTO DE LOS DERECHOS


“Después de haberse reunido y deliberado en sesiones anteriores para determinar la actitud que deberían asumir uniformemente frente a la despótica política escolar de la tiranía revolucionaria, ciento cincuenta religiosas-educadoras determinaron dirigir el memorial que a continuación se transcribe, explicando su resolución admirable a los Prelados de la Jerarquía Católica en México, a quienes expresaron con frases plenas de verdad. Su actitud frente al mundo “laicista” y moderno de hoy sirva de ejemplo a las actuales generaciones”:

Al Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. Don José Mora y del Río. Dgmo. Arzobispo de México, y en su persona a los demás Ilmos. y Revmos. Prelados de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana en nuestra República Mexicana:
Atenta y humildemente confiando en el auxilio divino manifestamos:
  • Que estamos unidas y sumisas a nuestros Pastores, formando con ellos una sola alma y un solo corazón, y éste desgarrado ciertamente por la necesidades e inminentes peligros que padece y amenazan terriblemente a nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
  • Que queremos unir a este íntimo sentimiento de justo dolor, la obra efectiva, enérgica y heroica, para alcanzar la libertad mil veces santa de la Vida e Instrucción Religiosa.
Ya sentimos en nuestras conciencias una poderosa voz de alarma, que nos indica el terrible, miserable y aún denigrante escollo en que vamos cayendo, so pretexto de prudencia. Hemos venido diciendo que la instrucción en nuestros planteles es laica; hemos cambiado el nombre de los mismos porque no han de llevar nombre piadoso; hemos sustituido el hábito religioso por el vestido seglar; hemos transformado las capillas en salones más o menos profanos; hemos quitado las imágenes sagradas de los salones, recibidores, etc; y lo que es todavía peor, a los alumnos se les alecciona para que oculten que se les da clases de Religión, que se rezan al comenzar las clases brevísimas oraciones; para que no lleven el Catecismo de la Doctrina Cristiana ni estampa alguna en sus útiles escolares. Se ha venido enseñando vergonzosamente en la práctica a nuestros alumnos a encubrir cobardemente la verdad, destruyendo así de raíz en esos tiernos corazones la fe santa y el valor cristiano.
Además, Ilmos. y Revmos. Pastores nuestros, las Superioras tenemos motivos fundados para temer que “si no somos fieles en lo poco, tampoco lo seremos en lo mucho”, y que “si nos avergonzamos de confesar a Cristo, Él se avergonzará de nosotras”, de lo cual seremos gravemente culpables las Superioras, que con el poder que el oficio nos confiere, hacemos caminar por esa extraviada vía a ese numerosísimo escuadrón de religiosas, que como fieles soldados, sólo van por el camino que las Superioras les muestran. Con todo ese proceder, indudablemente que el corazón y el espíritu humano, aunque religioso, entra en una especie de debilidad y apocamiento, que se va poniendo al borde de una verdadera apostasía.
Por tanto, queremos manifestar a nuestros Pastores que estamos dispuestas con todas nuestras religiosas, quienes hacen suya esta carta que firmamos a nombre de todas, que estamos dispuestas a entrar a dura, efectiva y descubierta lucha, aceptando con la mayor buena voluntad y alegría los mayores sacrificios, aun el de la propia vida hasta llegar a conseguir la reforma completa de los artículos constitucionales que en todas sus formas oprimen y quieren esclavizar a nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana y a todos sus hijos sacerdotes, ya nacionales, ya extranjeros, que con infatigable celo y desinterés trabajan en nuestra Nación por la salvación y santificación de las almas.
Estamos dispuestas a obedecer en todo; pero si se nos permite, nos negaremos rotundamente en todos los planteles que tenemos en la República, a aceptar las bases infernales que se quiere imponer a los establecimientos católicos: lanzaremos de esos establecimientos a toda la juventud querida, y cerrraremos las puertas que nuestras manos no abrirán hasta triunfar o morir.
Esa juventud dirá mañana: nuestras profesoras cristianas , religiosas, no nos legaron la instrucción e ilustración, pero nos legaron el ejemplo del amor práctico de la fe, a la verdad y al valor cristiano, en defensa del más noble y justo de los derechos. Trabajaremos industriosamente para el sostenimiento de nuestras comunidades, al mismo tiempo que lucharemos para que no desaparezcan  de nuestra Patria, pues no es nuetro propósito volver cobardemente la espalda a nuestro enemigo, yéndonos a países extranjeros, donde nos llaman con los brazos abiertos, presentándonos vastos campos de la viña del Señor, que están incultos por la falta de operarios. Viviremos en comunidad en pequeñas y modestas casas, vistiendo con el hábito o modesto vestido que acostumbramos, procurando tener en la casa la santa Misa y Comunión diaria. Si esto no fuera posible por falta de sacerdotes, procuraremos ir cada mañana en busca de ese alimento a la iglesia más cercana. En caso de que fuerza mayor quiera impedir esa manera de vivir, nos mantendremos en el derecho que nos asiste de vivir en el interior del propio hogar como nos parezca y de observar las prácticas particulares nuestras. Si esto diere motivo a prisiones, expulsiones, etc; a todo iremos con gusto por la honra y gloria de Dios Nuestro Señor y de nuestra santa Religión.
Ilmos. y Revmos. Sres y Pstores nuestros, la situación difícil y angustiosa por que atravesáis en estos momentos terribles; pero precisamente por ello y en cumplimiento de nuestro deber, esta parte débil del Cuerpo Místico de la Iglesia, que se cree obligada a manifestar a sus Pastores esa voz de la conciencia, pide y ruega que se le admita en las filas que han de pelear en las batallas del Señor. Os rogamos de corazón que no vaciléis en ordenarnos cosas arduas y difíciles en la batalla; pues estamos seguras de que contamos con el auxilio divino del Señor, fuerte y poderoso, el Señor poderoso en las batallas.
Esperando ansiosas oír la voz de combate de nuestros Pastores, y la aprobación de lo que les ofrecemos, pedimos, como hijas fieles y obedientes, la bendición pastoral de todos y cada uno de nuestros Ilmos. y Revmos. Prelados.

México, D. F. a 19 de Marzo de 1926. Dolores Sandoval, Superiora del Buen Pastor.

miércoles, 13 de julio de 2011

“MIS CONFIDENCIAS AL HÉROE DESCONOCIDO”


En realidad no te conocen, nunca se habla de tus proezas, ni se nombran tus hazañas. No has figurado en esa pléyade de nombres grandes, heroicos que valerosamente supieron dar su vida por Cristo, y que se llaman mártires.
Has permanecido oculto, no te conocen, no saben que fuiste un héroe. No es justo, pues, que quedes en el olvido, quiero que seas conocido, no por ostentación ni vanidad, sino para que Dios sea glorificado y su Iglesia, hoy tan perseguida, sea exaltada y colocarte a la vez , en el lugar que a ti te corresponde.
No saben que fuiste un héroe, porque ignoran que fuiste uno de los primeros luchadores; que cuando la Iglesia estaba amenazada y perseguida por sus ingratos hijos; cuando ya Dios se había ausentado de los Sagrarios, y las lámparas de los templos se apagaron y no tenían ya vida; cuando las multitudes agobiadas por el sufrimiento con los ojos llenos de lágrimas buscaban como la esposa lo cantares al Dios ausente; cuando la confusión reinaba en los hogares y corazones de los Católicos estaban poseídos de infinita amargura, entonces tú lleno de santa indignación, dijiste: “yo iré a defender a Cristo y a su Iglesia, ofrendaré mi vida por conquistar nuestras libertades, y sabré cumplir con mi deber como cristiano, aunque para eso tenga que sacrificar lo más querido y grande para mí en la tierra”; y sin pensar que dejabas a la esposa amada, y a los hijos queridos, te lanzaste al campo de batalla, empuñaste el arma y te fuiste a engrosar el núcleo luchador, y henchido de amor santo, al incorporarte en las filas, el primer saludo que diste, ritual entre vosotros, fue el ¡VIVA CRISTO REY!
Entonces cual león rugiente te abalanzaste sobre tu presa, combatiendo tres días muy cerca del pueblo que te vió nacer. Allí, derramaste las primeras gotas de tu sangre. He aquí el triunfo. Fueron las primicias que dieras al Divino perseguido. Tu esposa y tus hijos cuando tuvimos conocimiento de que ya tu cuerpo tenía cicatrices, lloramos de ternura y de orgullo santo. ¡Cuánto sufriste entonces!, y el cielo es testigo de que nosotros no sufrimos menos.
Combatiste en varios puntos de Michoacán y Jalisco, sufriendo además de la persecución constante del enemigo, hambres, falta de ropa… Fuiste removido a una región tropical, cuyos desiertos se asemejan a los del Sahara. Era la arena tan candente que tus pies al pisarla se quemaban. Largos dos años luchaste con denuedo, siendo tu martirio más grande que el de los Mártires del Circo Romano, porque el de ellos consistía en unas cuantas horas y el tuyo fue muy prolongado. Pero nada te hizo desistir, ni ofrecimientos pingües, ni las lágrimas de tu esposa, ni los sollozos de tus hijos.
“No puedo -decías, con frases que en nuestro corazón quedarían grabadas-, dejar de considerar el sufrir de los seres que amo; pero hay una cosa más grande que supera ese amor y es Cristo, por quien lucho y por quien he dejado cuanto poseía”. No tuviste más que un ideal: vencer o morir. “De no ser, -decías- como lo hemos pretendido, que Dios me quite la existencia”. Y así fue: como no se consiguió lo que deseabas, oyó Dios tu plegaria, y por permisión de Él fuiste removido al lugar donde los ángeles te esperaban con tu palma y tu corona. Ya habías cumplido tu misión, ya habías dado pruebas de hombre y de cristiano; si no obtuviste tus deseos, la culpa no fue tuya. Ya habías terminado y ¡oh designios de Dios! precisamente al ofrecer el sacerdote la Víctima del Holocausto, en esos mismos momentos tu cuerpo hizo blanco a las balas enemigas, y al pie del Sacrificio del Altar, tú también ofreciste tu vida y diste tu sangre. Tu cuerpo, pues, cayó sin vida sobre el frío pavimento en un lago de sangre. Ya habías dejado escritas tus instrucciones, y como no tenías herencia que legarnos, nos dejaste bellísimos consejos que en nuestro corazón quedarán grabados con caracteres de oro y jamás se borrarán.
¡Sangre bendita! Yo quisiera cubrir de besos la tierra que te sostuvo. Moriste tan pobre, que aún en ésto imitaste a tu Divino Maestro y como Él, no tuviste en los instantes supremos dónde reclinar tu cabeza. Ahora yo quiero preguntarte: ¿Que el sacrificio tuyo y de millares de mártires será estéril? ¿No ves cómo la Iglesia se halla nuevamente encadenada y sus ministros perseguidos con más furia? ¿No sabes que quieren extinguir el nombre de Aquel por quien moriste? ¿No sabes que quieren corromper el corazón del niño evitando ya que en las escuelas se pronuncie el nombre de Dios? ¿No te acuerdas que tus hijos también son niños? Levántate, pues, y anda al solio donde se halla la Divina Esencia, preséntale tus llagas que aún chorrean de sangre y dile: que la tome para que con ella inyecte a los hombres para que vigorizados con ella, sepan defender sus derechos, tengan valor para aprestar a la lucha y vayan también sin miedo, sin cobardía al campo de batalla. No olvides a tus hijos, también hostilizados por los mismos tuyos. ¡Quién lo creyera! Vela por ellos, pues por sus venas también corre sangre guerrera, y mañana, cuando el clarín llame a la lucha, cuando las huestes del Divino Maestro se apresten a la defensa, también ellos, tus hijos, seguirán tu ejemplo y saldrán a la defensa de su Dios y de su Patria. No te olvides, como lo ofreciste, de pedir por todos los que nos hicieran bien, para todos, un lugar en la gloria.
+María Trinidad Martínez Viuda de Fernández, habiendo dirigido estas palabras a su esposo +José María Fernández muerto en campaña.  (aquí)
Epístola que fue publicada en el número del semanario católico La Palabra correspondiente al 18 de Octubre de 1931.

sábado, 4 de junio de 2011

DECLARACIONES DE UN BOLCHEVIQUE MEXICANO

El autor de las siguientes declaraciones, Anastasio Cueto y Ríos, el cual en la época de la Persecución Religiosa en México fue miembro de la CROM, asociación en esos momentos pro-comunista, creada por el mismo gobierno y la revolución imperante en aquellos tiempos siendo el principal  apoyo paramilitar del llamado Gobierno de México.
El líder de la CROM, Luis N. Morones, al centro, movilizó a sus hombres para reprimir a los católicos
“Entré en la revolución desde un principio. Y como yo había oído hablar mucho del pacto masónico-protestante y no estaba suficientemente informado sobre el particular, determiné tomar parte en todos los acontecimientos, para obtener así el mejor género de ciencia: el de la experiencia. Por esto yo puedo hablar con quien tiene información de primera mano. Al principio de engañaron; porque como lobos disfrazados con piel de oveja, se proclaman libertadores del pueblo. Sería muy largo decir todas las cosas interesantes que observé, pero quiero siquiera hacer mención de las calumnias que ellos esparcieron contra los clérigos y su pretendida riqueza; calumnias bien calculadas para incitar al pueblo contra ellos. El pueblo sencillo no entendiendo que significaba eso del “clero” gritaba mueras contra él, al mismo tiempo que besaba las manos de los sacerdotes.
Parece inútil recordar los hechos que todos conocen y que muestran claramente las malvadas y pérfidas intenciones de los traidores, ayudados como estaban por los masones y protestantes de otras naciones.
Las manifiestaciones pacíficas de los católicos fueron reprimidas por instrucciones del gobierno
Ellos lo han corrompido todo: el ejército, y la policía a quienes paga el Estado para su defensa y para la seguridad de sus partidarios Han perseguido a los hombres y mujeres por el solo crimen de reclamar sus propiedades; ya que las iglesias han sido construidas con dinero del pueblo y ningún derecho puede tolerar que se quiten por las llamadas leyes de la revolución.
Pero todas las clases de la sociedad se han dado ya perfecta cuenta de que lo único que pretenden esos hombres, es su medro personal ante todo. Y una vez que se han puesto a ello, se proponen llevar hasta el cabo el cumplimiento de la promesa empeñada a los masones y protestantes de exterminar a nuestra religión y como consecuencia a nuestra nacionalidad. Y así es en verdad, que ésta promesa fué la condición necesaria para asegurarse la ayuda de los protestantes y masones.
Esto basta para mostrar en su verdadera luz a estos que no acaban nunca de llamarse “redentores” y que han causado nuestra ruina.
Anastasio Cueto y Ríos

domingo, 8 de mayo de 2011

Mujeres Cristeras



Las novias sufrían lo mismo que cualquier mujer, máxime cuando el amor de su vida se encontraba en la guerra:


"Tlálpan, 18 de agosto de 1926:

Inolvidable Manuel: Fue muy grande el gusto que experimenté al leer tu carta... créemelo que no hay cosa que más me haga gozar como el ver que el hombre a quien he dado mi cariño, se entregue de esa manera al buen Dios, sacrificando aún lo más preciado para él. Créeme que lejos de sentir tristeza porque no te veo, me alegro en el alma, pues sé, siento, tengo para mí, que el sacrificio que los dos hacemos sube cual incienso perfumado, cual aroma delicioso hasta el trono del buen Dios, y en cambio de esto tan pequeño que ofrecemos, espero que bajarán un sinnúmero de gracias y bendiciones que harán crecer en tu corazón y en el mío los deseos ardientes de sufrir más, de sacrificarnos más, de luchar más por Él, que con tanto amor dio su vida por nosotros en la Cruz. Si el buen Jesús acepta la ofrenda de tu vida... te seré fiel hasta la muerte... dejando de existir tú, creo que lo que haría sería esconderme en un claustro, donde el ruido del mundo no borrara de mi corazón tu recuerdo y donde me dedicara a pedir por ti. En mis pobres oraciones no te olvido nunca, y pido a Dios y a la Morenita del Tepeyac, que te den sus gracias para que sigas luchando valerosamente como hasta ahora lo has hecho.


Tuya. 

María de la Luz".

sábado, 16 de abril de 2011

Manuel Bonilla y Manzano. Cristero

"¡Dios mío! Siento mis ánimos decaer, pienso en huir, dejar esta vida de penas, correr a donde los míos, parece que las cosas no se remedian, creo que ya nadie pelea en contra del Gobierno, sólo nosotros como bandidos culpables nos escondemos de la acción de la justicia, pienso en desertarme.
¡Que lucha tan atroz superior a mis fuerzas!
El deber se presenta ante mí: mi Patria sufriendo inicua esclavitud, la sangre derramada de inocentes víctimas que claman castigo para sus verdugos, la Iglesia sufriendo como nunca la persecución más ardiente y atroz que ha conocido la Historia de México, los bandidos y ladrones gobernando a mi pueblo que peca de cobarde, los asesinatos que cometen las fuerzas de Calles colgando vivos a inocentes ciudadanos. Llegaron noticias de más de diez colgados vivos por los alrededores del Distrito Federal; ¡ Cuantos crímenes, cuantas iniquidades! ¡Y el Pueblo espera todavía!... ¡Oh Dios mío! ¿Qué será de mi Patria? ¡No la castigues ya, levanta tu brazo justiciero, pecamos mucho; pero el castigo es superior a nuestras fuerzas! ¡Mira Señor, mi corazón cómo sufre, considerando todo lo que enumero, además que pienso dejar la lucha, dejarla porque me faltan fuerzas para el sacrificio, dame Tu gracia para cumplir mis propósitos, no quiero hacer traición mis principios, me faltan fuerzas, soy de carne y ella me grita negarme al sacrificio! ¡Dame ánimo, al menos que mi corazón no sufra tan atroz tormento! ¡Dame valor, dame entusiasmo! Si consideras que esta cruz que pesa sobre mí te es grata la acepto, más no me niegues lo que te pido, gracia, más gracia para sobrenaturalizar mis actos todos y no desmayar ni un momento; mis propósitos son ver el triunfo de la causa o morir antes de dar media vuelta, en tus manos estoy y Tú sabes lo que haces".

sábado, 25 de diciembre de 2010

Carta de Luis Navarro Origel a su esposa. CRISTEROS

25 de Diciembre de 1926
Querida esposa:


¿También te angustia y te acongoja el pensamiento de la utilidad o inutilidad de mis pobres esfuerzos, la posibilidad o la probabilidad del éxito en el negocio? -del triunfo de la epopeya cristera- ¿O al menos la seguridad de contar con lo necesario, en efectivo y mercancías?... ¡Es muy natural y muy humana y racional tal angustia y preocupación!... ¡Pero recuerda que en este asunto, la salvación y salud de una Nación, mucho más todavía que en los individuos, no entra en juego solo lo natural y humano, sino también y principalmente lo sobrehumano, lo sobrenatural y divino!... Y si Dios Nuestro Señor quiere que venga la salvación por medio de los esfuerzos humanos y obrando al parecer solamente los acontecimientos naturales y ordinarios, ¡bien sabemos que éstos, es decir, los acontecimientos aún los puramente humanos y naturales que han de salvar a nuestra Patria y a nuestro pueblo, no son puramente las victorias que no lo transformarían sino superficialmente y quizá políticamente! Dios quiere más, mucho más de este pueblo: quiere hacer de él un modelo en el mundo, quiere enseñar al universo; ¡qué gloria tan grande puede darle un pueblo que en verdad sea suyo y quiera alabarlo y glorificarlo! Y bien sabes que esto no lo harán jamás, no podrán nunca esa transformación las victorias solas, sino los sacrificios, las víctimas, la sangre que todo lo fecundiza, que todo lo engrandece, que todo lo santifica, desde que fue derramada aquella Sangre Divina y que aún se inmola y seguirá inmolándose hasta la consumación de los siglos. ¡Porque el valor de la sangre es insustituible, porque el clamor de la sangre es un clamor terrible, que siempre llega y conmueve el Corazón de Dios!... Por lo mismo aquí sólo hacen falta sacrificios; nuestra Patria para salvarse sólo necesita vidas inmolada, cuya inmolación esté santificada por el amor de Cristo. Para lavarse de tanto horror, de tanta abominación de crímenes que van siendo ya seculares, este suelo necesita sangre, pues las afrentas y las ofensas terribles hechas a Dios por un pueblo, sólo con sangre se limpian. por otra parte, que la hora de la Misericordia, y de la Clemencia y del Perdón y del Amor ha sonado ya para México: ¿Dime tú  misma si no es evidente que ha sonado ya? ¿No es la hora del amor la que ha sonado para nuestra querida Patria si vemos que el Dolor ha llamado a todos los hogares que son verdaderamente mexicanos? ¿No es la hora del Perdón y de la Clemencia y de la Misericordia la que ha sonado si vemos que las víctimas se multiplican; que ha empezado a verterse la sangre generosamente derramada, la amada y santa sangre mexicana, la sangre mexicana, la sangre nuestra, de nuestros queridísimos hermanos? Y apenas ayer empezó a derramarse y es tanta y tan generosamente ofrecida la que estaba y está dispuesto a derramar nuestro Pueblo que amenaza inundar este suelo y salpicarlo todo; esto es lo que hacía falta, que no quede rincón de este suelo amado que no se lave con sangre, que no se santifique con el sacrificio. Por lo mismo ninguna vida sacrificada es inútil, ningún sacrificio es estéril. Por lo contrario, sólo es necesario, indispensable, insustituible; sólo eso no puede ser reemplazado; porque sólo eso pide el Señor para hacer grande y feliz a este pueblo. Las victorias vendrán después seguramente; pero ahora sólo sangre, solamente vidas inmoladas se necesitan"




Luis Navarro Origel


Es considerado el primer cristero de renombre levantado en armas, nació en Pénjamo, Guanajuato, México el 15 de febrero de 1897.

Fue alcalde de su natal Pénjamo, electo por el pueblo y proclamaba su fe desde el Salón de Cabildos de la Casa Municipal. Se inscribió desde el primer día en las listas de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, miembro prominente de la ACJMy fue uno de sus más relevantes y valiosos adalides. Fundó comités de la liga en Pénjamo, Abasolo, Irapuato, La Piedad y Zacapu.

Al no estar de acuerdo con las políticas gubernamentales, finalmente resolvió empuñar las armas el 29 de septiembre de 1926 tomando la ciudad de Pénjamo, aniquilando a la defensa local y apoderándose de los elementos de guerra de que disponía el gobierno.

Sostuvo un combate en Cuerámaro y otro en Barajas y pudo protegerse de la retirada cerca de Corralejo. El campo de operaciones de Luis Navarro fue la costa de Michoacán, faja de territorio que yace entre los Estados de Guerrero y Colima. Al llegar a Coalcomán se cambió de nombre haciéndose llamar Fermín Guitiérrez. Murió en combate el día 9 de agosto de 1928 en Las Higuerillas sector Tuxpan.

martes, 30 de noviembre de 2010

CARTA A MI ESPOSA, DE JOSE MARÍA FERNANDEZ.

"Mi querida esposa:
El lápiz se me cae de la mano, no sé si escribirte o no hacerlo: digo esto porque si te escribo, quizá vaya a aumentar tus dolores; si no te escribo te formarás el concepto de que no te amo, de que no me acuerdo de ti ni de esos hijos tesoro de mi existencia por quienes he derramado abundantes lágrimas.
Voy a decirte: ¿Tendrás valor para escucharme? El 27 de abril de 1927 salí como te dije  en una carta que a México te escribí de Tepalcatepec, y creo que recibirías, salí de San Isidro a Coalcomán a verme con don Guadalupe Lucatero, con el objetivo de arreglar el asunto del ganado que tú supiste; pero a mi llegada a dicho lugar, encontré que el señor Lucatero andaba levantado en armas, y una multitud, por no decir que todos, lo secundaron, inclusive el señor que tu sabes. Llegar yo y ver aquel regocijo, que  el pueblo en masa aclamaba a Cristo que expuesto en la Custodia veía quizá con sonrisa placentera el entusiasmo de sus hijos deseosos de su Dios, al que hombres sin conciencia querían expulsar de las iglesias, de los hogares, etc. 
Ver yo aquel alboroto y sentirme entusiasmado, todo fue uno. La sangre hervía en mis venas,¿y? ¿quieres que te diga?, ¿no te enojas?, hubo unos instantes que me olvidé de mi esposa y de mis hijos, y enchido de febril entusiasmo también yo salí y grité con toda la fuerza de mis pulmones: "¡VIVA CRISTO REY!" -Desde ese instante soy soldado de Cristo, y ya ver{as que tu esposo no rayando a sus sirvientes, no tratando de ganados, no haciendo negocios, sino lo verás con el arma en la mano defendiendo la fe de mi esposa, de mis hijos y la mía. ¿No es esto una prueba del amor que te tengo?... Aquí estoy cumpliendo con un deber de cristiano, y abrazado con una cruz tan pesada que apenas puedo con ella. ¡Cuántas cosas! Hambres, fríos, persecuciones y calumnias, pero lo que más me duele y hace sufrir, es el recuerdo de ustedes... Sé que sufres mucho, querida mía, tú, no acostumbrada a ningún contratiempo de la vida, la única en tu casa y tratada siempre con el mayor esmero!
Y ahora ser yo el autor de tus sufrimientos. ¡Pero que digo, si sé que también eres cristiana y secundarás mi obra en forma distinta!
Yo con el arma y tú con la resignación, yo tostado del sol y hambriento y tú con tus plegarias, estamos fundidos en el mismo crisol trabajando por el mismo ideal y nuestra vista fija en el mismo punto... Dios... Imagínate que hay veces que tenemos combates que duran sin cesar 24 horas y que a diestro y siniestro caen sin vida nuestros valientes soldados. Muchos han muerto en mis brazos y al morir ¿sabes cuál es su última palabra?: "¡VIVA CRISTO REY!" Y enseguida van a recibir su palma a la Gloria... Yo tengo la esperanza de verlos a ustedes aquí en la tierra, pero si muero ten el valor de la señora Gutiérrez" -doña Carmen Alfaro Madrigal viuda de Navarro Origel- "No me llores, por el contrario ofrece a Dios el sacrificio de mi vida, y ¡vive Dios! que si me pierdes en la tierra me tendrás más solícito velando por ustedes en el Cielo. Desde aquella mansión de paz rogaré por ustedes y por todos aquellos que le hagan bien... Por acá se habla de arreglos; ojalá, ojalá y esto sea como lo hemos pedido. Nosotros no cejaremos ni un momento: vencer o morir, así lo hemos pretendido, ofrecido con juramento, y de no ser como lo hemos pretendido, que Dios mejor me quite la existencia.
Te abrazo desde estas regiones desoladoras, y aunque personalmente no estoy con ustedes, sí estoy con pensamiento y los ideales. No te he abandonado, estoy contigo; pero una fuerza superior e irresistible me obliga a dejarlos. Hay algo más grande que la esposa, los hijos y los bienes, y es Cristo por quien lucho, por quien sufro, por quien se debe dejar lo más querido de este mundo. Tocó mi corazón una vez, otra más, y entonces corrí como Saulo y le dije: "¿que quieres, Señor de mí?" "Anda" me dijo, "defiéndeme porque mis enemigos me acosan" . Sin esperar más y sin vacilación ninguna, dejé cuanto tenía: intereses, negocios, y lo más grande, lo más querido: mi esposa y mis hijos. Es muy dulce sufrir por CRISTO REY.
En nuestros sufrimientos tenemos mucho de consolador. Sabemos que nos dicen: bandidos, salteadores, en fin un cúmulo de calumnias. Pero ¿qué importa?, también a Cristo lo calumniaron, ¿y no El mismo ha dijo: "bienaventurados los que padecen persecución por la justicia?"... Por mi no te aflijas, al contrario, vive satisfecha de tu esposo. No te preocupes por el porvenir. Dios estará contigo. ¿Crees que dejará a la familia del que todo lo dejó por El? Imposible. Ya tengo hecho mi pacto con Dios: casi a diario, por no decir todos los días, lo recibo en mi pecho y todo se reduce a hablarles a ustedes... A mis hijos, hazles ver que si los dejé, fué por Dios, no vayan a creer que fueron abandonados por otra causa. Háblales siempre de Dios...
Adiós, mi querida compañera, único depósito de mis sinsabores y dichas; contigo abrazo a mis queridos hijos y sabes que si no nos vemos en la tierra, viviré para ustedes en el cielo.
Tu esposo, José María Fernández .
Dios y mi derecho.
¡VIVA CRISTO REY!  ¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE!  ¡VIVA EL PAPA!


*José María Fernández muerto en combate el día 9 de Mayo de 1929

viernes, 26 de noviembre de 2010

Apoyo y Oraciones desde Chieti, Italia


"El pueblo mexicano ha sido escogido por Dios en nuestros tiempos para patentizar con su heroicidad al mundo entero, que la vida de la Iglesia no fenece, sino que goza de una eterna vitalidad. Por medio de este pueblo quiere el Señor traer a la memoria de todo el mundo cristiano, aquel aviso divino de velar y orar siempre, ya que todas por partes las nubes de futuras tempestades se van haciendo más y más densas.
La heróica resistencia de los mexicanos ha llenado nuestro corazón de inmenso gozo, y rogamos al Señor que se cumpla en ese pueblo aquella divina promesa: Beati qui persecutionem patiuntur propter justitiam quoniam ipsorum est Regnum coelorum".

Nicolás Monterisi, Arzobispo de Chieti, Italia. 29 de Octubre 1927

viernes, 19 de noviembre de 2010

MANIFIESTO CRISTERO 1º de Septiembre

"Respetar la Ley Constitucional en materia religiosa es respetar el Artículo 3º de la Constitución que establece la enseñanza laica" -y ahora la socialista, con la reforma cardenista- "y viola el derecho  del niño a conocer la religión de sus padres; es respetar el Artículo 5º que prohíbe las órdenes monásticas y niegan el derecho a consagrarse los hombres a Cristo en la regeneración del pueblo; es respetar el Artículo 24º que prohíbe las manifestaciones externas de culto y encierra a Jesucristo en las Iglesias, y prohibe al pueblo que lo proclame Rey, en sus ciudades y en sus campos; es respetar el Artículo 27 que niega a los católicos el derecho de propiedad sobre los templos que levantó la fe de sus abuelos y que recibieron de sus padres como un precioso legado, como si las hordas revolucionarias fueran dueñas de esos templos y los pudieran dar a su arbitrio, como lo hacen, a los enemigos de los católicos que construyen  tales templos con sus dineros y sus trabajos. Respetar la ley revolucionaria es respetar el Artículo 130, verdadero código de tiranía, que niega a la Iglesia su personalidad jurídica, tratando como esclava de la revolución a la Señora de las Naciones; que arrebata la familia del seno de la Iglesia instituyendo el matrimonio civil; que considera a los Sacerdotes casi como empleados del gobierno; que niega alos católicos el derecho de asociarse políticamente para defender sus derechos religiosos, como si la Iglesia que tiene derecho para llamar a sus hijos con el tañer de las campanas, para la oración, no lo tuviera para llamarlos al combate con el sonar de sus clarines. Respetar la ley constitucional sobre materias religiosas es respetar los artículos que son los eslabones de la cadena del pueblo".
ARMANDO TELLEZ VARGAS

martes, 15 de junio de 2010

Carta de Francisco Campos, poblador de Santiago Bayacora, Durango


"El 31 de Julio de 1926, unos hombres hicieron porque Dios nuestro Señor se ausentara de sus templos, de sus altares, de los hogares de los católicos, pero otros hombres hicieron porque volviera otra vez; esos hombres no vieron que el gobierno tenía muchísimos soldados, muchísimo armamento, muchísimo dinero pa´hacerles la guerra; eso no vieron ellos, lo que vieron fue defender a su Dios, a su Religión a su Madre que es la Santa Iglesia; eso es lo que vieron ellos. A esos hombres no les importó dejar sus casas, sus padres, sus hijos, sus esposas y lo que tenían; se fueron a los campos de batalla a buscar a Dios nuestro Señor. Los arroyos, las montañas, los montes, las colinas, son testigos de que aquellos hombres le hablaron a Dios nuestro Señor con el santo nombre de VIVA CRISTO REY, VIVA LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE, VIVA MÉXICO. Los mismos lugares son testigos de que aquellos hombres regaron el suelo con su sangre, y no contentos con eso, dieron sus mismas vidas porque Dios nuestro Señor volviera otra vez. Y viendo Dios nuestro Señor que aquellos hombres de veras lo buscaban, se dignó venir otra vez a sus templos, a sus altares, a los hogares de los católicos, como lo estamos viendo ahorita, y encargó a los jóvenes de ahora que si en lo futuro se llega a ofrecer otra vez, que no olviden el ejemplo que nos dejaron nuestros antepasados".


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